Orientación a lo largo de la vida

Acompañar, ayudar, guiar, facilitar, empoderar… a las personas, a que descubran y potencien sus fortalezas -también sus áreas de mejora-, desvelen sus intereses y motivaciones, pongan nombre a su para qué, afloren sus valores… pero, sobre todo, a que “armen” su proyecto profesional/personal –cada vez más plagado de curvas, cada vez menos predecible-, lo pongan en valor y, cómo no, lo encaminen a un fin –si está próximo a uno común, mejor que mejor-…, parece un cometido encomiable para aquellas personas que nos dedicamos a la orientación. Un cometido, donde la persona atendida es la verdadera protagonista, la que ha de ser capaz, con apoyos puntuales, de transformar –si es preciso- su realidad, de tomar decisiones y emprender actuaciones encaminadas a los objetivos marcados…,  en definitiva, de dar forma, con el mayor grado de autonomía posible,  a su proyecto profesional/vital.

Teniendo en cuenta lo anterior, la orientación ha de concebirse alejada, en la medida de lo posible, de intervenciones “aleatorias”, coyunturales -léase, etapa escolar, cuando sobreviene el desempleo, colectivos vulnerables, etc.-, diagnósticas o prescriptivas, para pasar a ser considerada como una “disciplina” estratégica, anticipadora, capital dentro de las políticas activas de empleo, que interviene de manera continua, constante, en pos del desarrollo y la implementación de los distintos proyectos profesionales de las personas. Ha de acercarse, al igual que la formación o el aprendizaje, a una orientación a lo largo de toda la vida (en la línea de lo que defiende el informe de la CEDEFOP “Mejorando las políticas y sistemas de orientación continua”), de la que “rescatar” aquellos “argumentos” que se precisen en función de las distintas necesidades u obstáculos que vayan asomando en las personas, instituciones, empresas… y, sociedad, en general. ¿Por qué no una orientación para todxs y para cualquier etapa del desarrollo de las personas? En este sentido (Echeverría, 2008: 389), argumenta que el gran reto es “pasar de un enfoque basado en la ayuda a la toma de decisiones inmediatas en materia de opciones educativas o profesionales, a un enfoque más global, que promueva la capacidad de las personas para gestionar su propia trayectoria profesional: desarrollar competencias en materia de planificación profesional y de capacidad de inserción profesional”.

“Cambia lo superficial. Cambia también lo profundo. Cambia el modo de pensar. Cambia todo en este mundo” (Mercedes Sosa)

Orientación Laboral

A lo anterior hay que unirle que estamos en un escenario de cambios constantes y vertiginosos, a pesar de las reticencias de algunxs, y de las visiones apocalípticas de otrxs (asocian la cuarta revolución industrial, poco menos que al diablo, como el de la imagen, frente  a lo que exclusivamente cabe armarse y pelear). Según Singularity Experts “esta revolución tecnológica está transformando nuestro mundo de una forma exponencial: y está modificando desde cómo compramos (escaners e impresoras 3D), cómo conducimos (coches autónomos) y cómo tratamos enfermedades (implantes bioelectrónicos) hasta qué comemos (carne artificial) y qué hijos tenemos (modificación genética). El trabajo y la educación, tal y como la conocemos, no se escapa de esta revolución exponencial”. Un escenario para el que, quizás, también lxs Orientadorxs Laborales debamos actualizarnos. Nuevas profesiones, nuevas competencias (en parte demandadas por la revolución digital y la automatización), nuevos roles, nuevas herramientas (de diagnóstico, de reconocimiento de competencias, de clasificación de lxs demandantes de empleo…), nuevos métodos, nuevos… Si no estoy al día de todo lo que “se me viene encima” voy a tener serias dificultades para ejercer el cometido principal de mi labor: “Orientar”. STEAM, Impresión 3D, Analista de datos, Especialista en IA, Asesor/a OGM, Experto en criptomonedas, Desmantelador, Nanomédico, Diseñador de avatares, Ciberabogado, Ingeniero agroalimentario, Piloto de drones, Cosechador de agua, Especialista en tráfico automatizado y vehículos sin conductor y otros Perfiles digitales … son términos con los que voy a tener que familiarizarme –si no lo estoy ya- y que, tal vez, nos obliguen a “darle una vuelta”, entre todxs, a “nuestra” amada profesión (¡Grande, Lara Vidal!). ¿Es que acaso no somos agentes de cambio? Orientadorxs que generan, favorecen, provocan, incentivan… el cambio.

Sin embargo, todavía hoy en día, la figura del personal de Orientación adolece de ciertas “carencias”: falta de coherencia en cuanto al perfil profesional, poca unanimidad en relación  a formación y competencias necesarias… Abundemos un poco más en estas ideas.

Hasta donde yo sé, en nuestro entorno, la labor de lxs Orientadorxs se lleva a cabo, básicamente, en tres ámbitos: escolar, universitario y sociolaboral. Cada entorno presenta unas necesidades determinadas en cuanto a destinatarixs, objetivos, programas…que, evidentemente, precisarán de profesionales con unos conocimientos y unas competencias acordes. Pues bien, ¿no os parece que falta coherencia en cuanto al perfil profesional que se demanda? En principio, si ponemos la mirada en lo sociolaboral y, sin matizar excesivamente la diferencia entre oferta pública y privada (mucho más exigente esta última, a mi modo de ver), titulaciones como Pedagogía, Psicología, Psicopedagogía, Trabajo Social, Educación Social, Sociología, Derecho, Económicas, entre otras, son comúnmente aceptadas (ejemplos: Junta de Andalucía: requisitos de la Junta de Andalucía, Servicio Vasco de empleo:  RESOLUCIÓN de 26 de diciembre de 2018, del Director General de Lanbide-Servicio Vasco de Empleo, por la que se procede a la publicación de la convocatoria de ayudas 2019-2021 para el desarrollo de acciones y servicios de orientación en su apartado “3.6.– Disponer en el momento del inicio de las actividades de: Recursos humanos propios para atender todas las ubicaciones que le sean adjudicadas, contratados como técnicos/as, con estudios universitarios finalizados, con experiencia superior a un año y «currículum» contrastado en funciones de orientación profesional, y con conocimientos de ofimática, internet y mercado de trabajo”). No os creáis que en el entorno educativo están mejor. Hasta donde yo sé, el acceso a la orientación, en la escuela pública, puede hacerse desde cualquier especialidad –siempre que se apruebe la oposición, claro-.

¿No os parece que esto va en detrimento de la profesionalización de la Orientación Sociolaboral? Una profesionalización más que necesaria, en pleno siglo XXI, donde un mercado laboral en constante cambio precisa de actuaciones/servicios coherentes y de calidad que, teniendo en cuenta las particularidades de los distintos entornos (público, tercer sector…), cuente con una “base” sólida y “común” (Sistema Integrado de Orientación -según establece la ley 5/2002 de las Cualificaciones y de la Formación Profesional-).

¿Y qué pasa con la formación? Si aceptamos que la formación de base pueda diferir –algo impensable en otras profesiones- , ¿por qué no existe un consenso en cuanto a una capacitación especializada para todxs aquellxs que quieran desempeñar esta profesión? Parece más que necesario abogar por la definición del perfil de lxs Orientadorxs, en el que se recoja titulación, competencias, conocimientos…  de base, comunes, a fin de, entre otros, profesionalizar la figura. Mientras tanto, he encontrado cuatro títulos de Máster que se pueden cursar: Máster en Orientación e Intermediación Laboral por la Universidad Politécnica de Cartagena y la Universidad de Murcia, Máster en Orientación Profesional por la Universidad Nacional a Distancia, Máster Universitario en Formación y Orientación Profesional para el Empleo por la Universidad de Sevilla y Máster de empleo y mercado de trabajo: intervención y coaching en el ámbito laboral de la UOC y que, en principio, te “capacitan” para salidas laborales como: Técnicx de empleo, Coach Laboral, Orientador/a Laboral, Agente de inserción laboral, Formador de formación y orientación laboral, Técnicx de orientación… (tampoco hay coherencia en cuanto a la denominación del puesto de trabajo). Una formación que, a tenor de “los nuevos tiempos” precisa de una adecuación constante, de una capacidad de aprendizaje a lo largo de toda la vida, en colaboración y en red…, para adaptar las intervenciones  a las demandas que vayan surgiendo de las nuevas realidades que se nos vayan presentado.

Tal y como afirma Elías Amor  “a nadie se le ocurre poner su salud en manos de profesionales de la medicina que no cuenten con la experiencia y conocimiento suficiente para hacerlo. Por la misma razón, la salud profesional no se puede encargar a personas que no tengan los debidos conocimientos técnicos y las habilidades necesarias” (El impacto de la cuarta revolución industrial y la globalización sobre los servicios de orientación académica y profesional en educaweb).

Otra de la variables clave a tener en cuenta a la hora de configurar un perfil profesional y darle cierto “sustento” a una profesión, tiene que ver con las competencias que forman parte de nuestros quehaceres diarios; competencias que, entre otras, condicionarán –o, al menos, deberían- las distintas formaciones que pretenden dar sostén a la orientación laboral.

No existe mucho consenso en este sentido, pero sí que he encontrado algunas clasificaciones que me gustaría mostrar:

  • Los resultados de una consulta (“Análisis de las competencias del orientador profesional: implicaciones para su formación”, publicadas en reop), a profesionales de la orientación, muestran un conjunto de 18 competencias clave para el desempeño en esta profesión: “Ser capaz de promover la autoevaluación (valores, intereses, experiencias, expectativas, competencias transferibles, formación, etc.)”, “Conocer y analizar el mercado de trabajo y su problemática sociolaboral, identificando las habilidades, conocimientos y experiencias demandados para los distintos perfiles profesionales”, “Identificar las necesidades de la carrera profesional y sus barreras y encontrar los recursos para cubrir las necesidades identificadas”, “Asesorar y orientar en la elaboración del proyecto de inserción y de desarrollo profesional desde los resultados de evaluación para tomar decisiones”, “Saber ayudar a las personas a identificar las oportunidades del entorno y las habilidades necesarias para encontrarlas”. “Identificar y conocer los servicios externos de derivación sociolaborales y de apoyo comunitario, y sus características y modelos de actuación”, “Identificar y conocer los potenciales empleadores, sus entornos sectoriales y mecanismos de selección de recursos humanos”, “Identificar los factores relevantes en las tomas de decisiones (características personales y oportunidades del entorno)”, “Ser capaz de planificar acciones y programas de orientación en diferentes contextos socio-laborales y comunitarios, según necesidades detectadas”, “Asistir en el proceso de búsqueda de empleo, ayudando a definir un plan y a utilizar los recursos disponibles (Internet, bases de datos, ETTs, etc.)”, “Desarrollar materiales y estrategias para la búsqueda de empleo (portafolio de empleo, carta de presentación, CV, entrevista, auto-presentación)”, “Efectuar un seguimiento personalizado de los itinerarios laborales y profesionales realizados en momentos de transición socio-profesional (cambios de puesto, promociones, pérdida de empleo, etc.)”, “Ser capaz de seleccionar y evaluar ofertas de trabajo acordes con el perfil del cliente, y de capacitarle para valorar los recursos del entorno y a utilizarlos en una toma de decisiones documentada”, “Analizar la realidad social y económica en los niveles global y local”, “Aplicar la perspectiva intercultural en la práctica profesional”, “Promover la comunicación y la creación de redes de apoyo entre los agentes sociales implicados”, “Promover la colaboración entre los distintos profesionales”, y “Conocer las dimensiones investigadas y los avances en el campo de la orientación profesional”.
  • Si nos fijamos en el INCUAL, y en la ocupación “Inserción laboral de personas con discapacidad”, nos encontramos con las siguientes competencias: “Gestionar la información sobre los recursos sociolaborales y formativos y colaborar en el análisis de puestos de trabajo para la inserción sociolaboral de personas con discapacidad”, “Realizar las intervenciones dirigidas al entrenamiento para la adquisición y desarrollo de habilidades sociolaborales en las personas con discapacidad”, “Apoyar en el proceso de inserción sociolaboral de personas  con discapacidad”, y “Efectuar el seguimiento de la inserción sociolaboral con la empresa, el usuario y su entorno personal”.
  • Una clasificación realizada por Enrique Cejudo en un post titulado “El profesional de la orientación laboral, perfil de competencias”, desde el que invita a realizar aportaciones, y donde él destaca las siguientes: “Capacidad de búsqueda, gestión y discriminación de la información y los recursos”, “Comprensión interpersonal”, “Capacidad de aprendizaje permanente y durante toda la vida”, “Capacidad analítica”, “Orientación al cliente”, “Trabajo en Equipo”, “Desarrollo de Interrelaciones”, “Orientación al Logro”, “Organización y planificación”, “Competencia digital”, “Capacidad para motivar y automotivarse”, “Proactividad” y “Creatividad en la búsqueda de soluciones alternativas”.
  • El artículo en el que bajo el título ¿Qué papel pueden desempeñar los profesionales de la orientación para mejorar la situación socioeconómica?” (educaweb), David Pérez Ruíz, entre otros aspectos clave, destaca la siguiente clasificación de competencias: “Competencias Técnicas (Saber): Conocimientos en mercado de trabajo, formación profesional, autoempleo, legislación, relacionales laborales, evaluación y diagnóstico, recursos, TIC, etc.; Competencias Profesionales (Saber hacer): Planificación y organización, gestión de la información, investigación y prospección, diseño e implementación de contenido y estrategias para el desarrollo profesional y la búsqueda de empleo, etc.; Competencias Sociales (Saber estar): Comunicación, trabajo en equipo, negociación, etc.; Competencias Personales (Saber ser): Habilidades sociales, solución de problemas, aprendizaje permanente, toma de decisiones, creatividad, resistencia, a la tensión, capacidad de síntesis, etc.”.
  • Si nos fijamos en Europa, y en la “clasificación europea de las capacidades/competencias, cualificaciones y ocupaciones” del ESCO, y elegimos –por “proximidad”- la profesión de “Pedagogx Social”, nos encontramos con ésta

¿Qué os parece?, ¿alguien se anima, tal y como nos “pedía” Enrique Cejudo, a aportar una clasificación más? Una clasificación rigurosa, apoyada en conductas y prácticas diarias, que no conviertan las competencias en una relación “insulsa”, con poco valor,  de verbos de acción. Por si, teniendo en cuenta lo anterior, quieres partir de tu realidad, de tu día a día, de lo que sabes, sabes hacer, haces… y quieres ponerle nombre, me atrevo a recomendarte dos ejemplos que, a mí personalmente, me han gustado –y servido- mucho:

  • Elena Arnaiz en el post “Competencias profesionales hasta en la sopa: ¿qué son y qué tienen que ver contigo?”, amén de explicar de manera clara el concepto de competencia, y su clasificación, nos anima a encontrar ejemplos, en forma de conductas observables, de las distintas competencias, utilizando el “método” STAR.
  • David Barreda a través de una herramienta titulada “¿Qué es lo que sé hacer?”, nos guía a lo largo de una serie de fases que, aparte de poner nombre a lo que sabemos hacer, nos permite codificarlo en forma de competencias, averiguar para qué sirve (para quien esté a vueltas con su propuesta de valor, preparando una entrevista, etc., ¡esto es oro! Ojo, siempre adaptándolo a la clientela, a sus necesidades, problemas, generando beneficios) y, cómo no, dónde es útil (si estás con tu estrategia y quieres adaptar tu propuesta a tus clientxs, no vendrá nada mal saber a quién le “mejora la vida” aquello que tú sabes hacer de manera “única”).

Volviendo a Europa y, más concretamente a la  “Resolución del Consejo de la UE sobre cómo mejorar la integración de la Orientación a lo largo de la vida en las estrategias del Aprendizaje a lo largo de la vida” (Bruselas, 21 noviembre 2008), podemos avanzar que se reconoce la importancia –centralidad- de la orientación tanto para las políticas de capacitación y educación, como en el apoyo al crecimiento del empleo y de las carreras de las personas (Informe resumido sobre el trabajo de la Red Europea sobre políticas de orientación a lo largo de la vida -ELGPN 2009/2010); asomando como áreas prioritarias:

  • favorecer la adquisición permanente de las habilidades de gestión de la propia carrera personal, formativa y profesional
  • facilitar el acceso de todxs lxs ciudadanxs a los servicios de orientación
  • desarrollar los sistemas de garantía de calidad en los servicios de orientación
  • fomentar la coordinación y cooperación entre los diversos proveedores de la orientación, a nivel nacional, regional y local

“Para vivir plenamente, encuentra esa actividad que te hace vibrar, que te apasiona, dedícate en cuerpo y alma a practicar, conviértete en un experto, nunca dejes de aprender y luego comparte ese don con el resto de seres que te rodean” (Eduardo Punset)

¿Estamos en condiciones de aportar en pos de “profesionalizar” nuestra profesión, de enriquecer esta actividad que nos hace vibrar?

Para ello, por qué no trabajar en voz alta –Working Out Loud-, compartiendo, siendo generosxs, dando visibilidad a lo que sabemos hacer y hacemos, tratando de aportar al conjunto, de manera que generemos un conocimiento común, un bagaje del que todxs nos podamos beneficiar. Evidentemente, para esto, el entorno 2.0 y sus múltiples herramientas, se presentan como un ecosistema con no pocas posibilidades. Por qué no aprender de manera colaborativa, siendo conscientes de que gran parte de lo que sabemos –y nos sirve- hoy, mañana se quedará obsoleto. Si no aprendemos, por lo menos a la misma velocidad a la que ocurren los cambios, ¿estaremos abonándonos a quedar relegadxs? No sé si tanto pero, al menos, seremos más proclives a “caer en los brazos de la inercia” o, lo que es peor, a defender, con más o menos convencimiento, que el futuro será un calco o una continuidad de lo ya vivido.. Entiendo que este momento, es tan bueno o tan malo como otro cualquiera para dar el paso, y “sacar nuestra learnability a pasear” (¿no os parece que es la competencia transversal por excelencia?, ¿y si partimos de una mentalidad que aúne el autodesarrollo con el desarrollo común de todo el colectivo de Orientadorxs?, ¿por qué no generar una especie de cultura de aprendizaje constante en la que todxs aportemos en función de nuestra “mochila”?

No nos guardemos nuestro talento, pongámoslo en acción y, cómo no, al servicio de lxs demás. Alguien podrá pensar, ¡a estas alturas de la película! Pero, hay un matiz que no podemos obviar: por primera vez en la historia, la pirámide de la población es invertida, es decir, menos nacimientos y, por arriba, por arriba viviremos más pero, también, habremos de trabajar más años y, por ende, formarnos y prepararnos para ese desempeño (según Raquel Roca, la fuerza laboral mayoritaria se concentrará en los próximos años en los “Silver Surfers”, más en concreto en el sector que abarca entre 55 y 59 años). Además y, ahora más que nunca, el mundo del trabajo es dinámico, está en constante cambio…, son muchas las convenciones, charlas, congresos que debaten sobre transformación, cambio, talento, capacitación, aptitudes que van a ser necesarias, etc. Y, en cuanto a lo que nos deparará el futuro, Ana Muñoz Vita en su artículo Las diez claves del futuro del trabajo, según Linkedin nos resalta “diversidad, habilidades sociales, igualdad de género, humana, los datos, la incertidumbre, formación continua…”.

Al fin y al cabo, tal y como afirma Pilar Jericó  “sea lo que sea lo que hagas en tu trabajo, hay que tener los conocimientos y habilidades necesarias para hacerlo, hay que querer hacerlo y hay que hacerlo en el tiempo en el que tiene que hacerse”.

No es momento de conformismos, es tiempo de valientes, de coraje, de cambio, de disrupción…, de volver a situar a las personas que atendemos –como siempre- en el centro, de desafiarnos, de “agitarnos” para adecuar lo que ofrecemos –y cómo lo ofrecemos- a los nuevos tiempos, a las necesidades y en beneficio de lxs que más lo necesitan (nuestro público objetivo). En definitiva, es momento de continuar aportando valor con aquello que hacemos. ¿Es que alguien que se dedique a la Orientación, se puede permitir no aprender de manera continuada? En un “terreno de juego” tan variopinto como el que tenemos –y tendremos-, ¿no será más necesaria que nunca la guía que podemos ofrecer lxs Orientadorxs? Antes de que “se nos pueda desactivar”, si la valoración que se hace de nuestros productos y servicios no es del agrado de la clientela, como ya ocurre en algunas ocupaciones, y donde la tecnología facilita el “asunto” estaría bien, como digo, reflexionar un poco de dónde venimos, qué soporte está detrás de nuestra labor diaria y, cómo no, hacia dónde podemos –y queremos- ir con todo lo anterior, para dar respuesta a los desafíos que el “nuevo” entorno ya nos está proponiendo: envejecimiento de la población, globalización, deslocalización, nuevo modelo económico, obsolescencia de algunas instituciones y estructuras, nuevas “formas” de trabajar… Para esto y, para dar una empuje a la profesionalización –y al reconocimiento de nuestra profesión-, ¿por qué no juntarnos, en redes con el fin de aportar, aprender, generar conocimiento, investigar…? (Mireia, tiene alguna idea en mente, ¿alguien más?)

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Muchas gracias, como siempre, por leerme 😉

Bibliografía:

Echeverría, B; Isus, S; Martínez, P y Sarasola, L (2008). Orientación profesional. Editorial UOC. Universitat Oberta de Catalunya.

Créditos imagen: Omar Bárcena (flickr.com)

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15 pensamientos en “Orientación a lo largo de la vida

  1. Pingback: ¿Dónde está la orientación profesional? - #MarcaTuTalento

  2. Pingback: Orientación laboral en el siglo XXI - Enrique Cejudo

  3. Buenas tardes. Super currado post y tema complejo el que planteas. Me gustaría añadir algunas ideas o referencias sobre el tema.
    1. La definición del Consejo de Europa (2008, p.1) ya entendía la orientación profesional como un proceso continuo que permite a los ciudadanos, a cualquier edad y a lo largo de su vida, determinar sus capacidades, sus competencias y sus intereses, tomar decisiones en materia de educación, formación y empleo y gestionar el recorrido de su vida personal en lo que respecta a la educación y la formación, en el trabajo y en otros marcos en los que es posible adquirir o utilizar estas capacidades y competencias. La orientación incluye actividades individuales o colectivas de información, de consultas, de evaluación de competencias, de apoyo y de enseñanza de las competencias necesarias para la toma de decisiones y para la gestión de la carrera.
    2. Respecto a la intervención en orientación profesional, tres han sido sus principios clásicos: prevención, desarrollo, e intervención social
    3. Por otro lado, tres serían los grandes contextos de intervención de la orientación profesional, cada uno con sus propias características: el Educativo, el organizacional laboral y el socio-comunitario
    4. Para rizar más el rizo aporto un magnífico post que Seve Izquierdo aportaba en Linkendin “Malos tiempos para la orientación educativa: entre la desregularización y la precarización”, un análisis de la orientación educativa desde Andalucía, extrapolable en casi todos sus puntos al resto de comunidades autónomas, con una serie de propuestas de mejora https://colectivorienta-wordpress-com.cdn.ampproject.org/v/s/colectivorienta.wordpress.com/2019/06/24/malos-tiempos-para-la-orientacion-educativa-entre-la-desregularizacion-y-la-precarizacion/amp/?amp_js_v=0.1#referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s&ampshare=https%3A%2F%2Fcolectivorienta.wordpress.com%2F2019%2F06%2F24%2Fmalos-tiempos-para-la-orientacion-educativa-entre-la-desregularizacion-y-la-precarizacion%2F
    Un saludo

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  4. Pingback: ¿QUÉ ROL DEBE TENER EL ORIENTAD@R LABORAL? • juanmartinezdesalinas.com

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