¡QUÉ VIENE EL COCO!

Entiéndase “Coco” aquí como todo aquello que tiene que ver con las nuevas tecnologías, innovación, transformación digital, disrupción digital…, con todas esas predicciones que inundan la Red, y las conversaciones de máquina de café y en las que, como no podía ser de otra manera, como algo enraizado en nuestra cultura, todo el mundo –al igual que en el fútbol- se atreve a dar su propia alineación, se aventura a realizar sus vaticinios sobre “lo que está por venir” (si es que no está ya aquí. Ya sabes, “si te mueves o, mejor dicho, si no te mueves, te quedas fuera de la foto”). Para muestra “un botón” (imagen de lo que ocurre en internet en un minuto, fuente: Lori Lewis –@lorilewis-, vicepresidenta de Modern Luxury, y Chadd Callahan -@OfficiallyChadd- , experto en rrss).

internet-en-un-minuto-

Que habrá hay cambios en cómo trabajamos, en cómo aprendemos, en cómo nos comunicamos, en cómo consumimos… y, en cómo buscamos/atraemos empleo, es algo cuestionado por pocxs. Ahora bien, la velocidad a la que se producirán producen dichos cambios, a mi modo de ver, variará bastante de unos entornos a otros. Y, lo que es peor, los distintos ritmos a los que las personas más desfavorecidas –también aquellxs más resistentes al cambio- incorporen, “normalicen” los cambios, generará cuando menos, diferencias, tanto en la salida como en la meta, en muchas ocasiones, difíciles de mitigar. Que a muchos de esos cambios en el entorno laboral, que es el que más nos interesa a los que trabajamos en temas de empleo y formación, habrá que darles un plazo para ver si “cuajan” o no, habrá que ver qué tipo de relaciones laborales terminan por “sobrevivir”, qué tipo de trato se les dispensa a lxs empleados, qué tipo de demanda terminan por satisfacer, qué tareas serán finalmente automatizadas, qué empleos nuevos van a  surgir, cuál será la duración de la jornada laboral…, en definitiva que, como para casi todo, antes de aventurar hay que observar. Así mismo, hay una serie de aspectos a los que, quizás, el tiempo se les esté “acabando”: paro juvenil, fracaso y abandono escolar, “cultura nini”… Si no queremos ser responsables de la primera generación que puede llegar a tener unos estándares de vida peores que los de sus padres/madres, algunos cambios habrá que implementar, ¿no os parece?

Por su parte, la presencia de monedas virtuales, coches autónomos, células artificiales que luchan contra tumores, prótesis 3D… y, cómo no, de dispositivos tipo wearable, es cada vez más frecuente, sobre todo, en entornos laborales, de la salud, del deporte y el bienestar. Son múltiples los dispositivos que ya se usan –de momento en forma de reloj, etc. Veremos si se transforman en tatuajes, se incorporan al tejido de la propia ropa, etc.-. En este contexto, la ingente cantidad de datos obtenida, como no podía ser de otra manera, se analiza a fin de extraer patrones, de cara a predecir ciertas conductas. El entorno del empleo y de los procesos de selección, tampoco se escapa a la presencia de IA. Cada vez son más las empresas que, sobre todo, en las primeras entrevistas, utilizan los “filtros” de la inteligencia artificial, en principio y, si no cuentan con información sesgada, mucho más rápidos, neutros…, y “capaces” que sus homónimos humanos, para descartar a aquellxs candidatxs que no cumplen con el perfil buscado. Esto último que, a veces “lo pasamos por alto”, a mi modo de ver, es un hecho que merece remarcarse: los procesos de selección –también aquellos en los que se utilizan ATS (application tracking systems), en principio, buscan descartar candidatxs, minimizar riesgos –tanto en forma de tiempo como de dinero-, lo que les hace apostar preferentemente por vías de contratación de candidatxs referenciadxs, que hayan llegado a través de personas, trabajadorxs, extrabajadorxs… de confianza (según Lou Adler, autor de la Guía básica para contratar y ser contratado, para la mayoría de seleccionadorxs, 92%, lxs mejores trabajadorxs contratadxs, les habían llegado a través de recomendaciones). De ahí la pertinencia, al menos en tiempos de “escasez” y de cambio constante, como el actual, de invertir en vías más centradas en trabajar tu red de contactos y en adaptar tu búsqueda a través de estrategias a medio plazo, en las que trabajes en tu autoconocimiento, desvelando, entre otros, en qué eres buenx, y presentándolo a tu entorno –y más allá-. Pero, si por lo que sea, continúas apostando de manera exclusiva por enviar CV’s como única estrategia de comunicar tu propuesta de valor, habrás de adecuar muy bien el contenido en cuanto a extensión, palabras clave…, a los requisitos de la plataforma (a no ser que consigas que alguien o “algo” lo haga por ti). Al parecer, el porcentaje de CV’s que realmente llegan a las personas encargadas de la selección, “tras burlar convencer a la IA” está muy próximo a cero. Entonces, ¿cuántos llegan a las personas que realmente tienen la capacidad de contratarme? ¡Anímate a contestar! Y, también, “atrévete” a probar cosas nuevas, dejando muy claro –todo lo claro que la herramienta te lo permite- quién eres, qué haces, cómo lo haces, qué solucionas, en definitiva, qué valor vas a aportar a la empresa. Esto como ya he comentado, lleva un trabajo previo, tanto de introspección como  de “mapeo” del mercado laboral. El fijarse en cómo lo han hecho otrxs, en ocasiones, es muy inspirador: “5 CV de líderes como Steve Jobs o Elon Musk, para que te inspires en el tuyo” (www.merca20.com).

Que se generen miedos es algo consustancial al ser humano, miedo al cambio, a lo desconocido, a no saber qué va a pasar, a “perder el control”, miedo a las “carencias” éticas de la IA, a la automatización de procesos, a la pérdida de empleos, a…, más si cabe y, como ya he señalado, en aquellas personas que no cuenten con las competencias –técnicas, personales, sociales, digitales- pertinentes para desenvolverse en un entorno cada vez más exigente y ultracompetitivo. Además, si somos objetivos, podemos llegar a afirmar que vivimos en uno de los mejores momentos -por no decir el mejor-  de la historia y, sin embargo, algunxs muchxs no lo “sienten” así. ¿Será culpa de nuestra amígdala cerebral? Esa estructura, herencia de nuestro pasado, y que parece tener afinidad por los peligros y miedos (lo peor de todo, es que muchxs -entre ellxs, los informativos-, lo utilizan para “ganar nuestra atención” y atiborrarnos con noticias de “corte fatal”). Entendiendo esto, ¿por qué no le damos la vuelta?, ¿por qué no lo enfocamos como una oportunidad –histórica- y tratamos de sacarle partido? Permitidme que os deje con un vídeo en el que Núria Oliver (Directora global en ciencia de datos de Vodafone), viene a decir:

“Un algoritmo puede decidir qué tratamiento médico se me aplica, si me dan un trabajo o  no me lo dan, si me dan o no una beca”

“En principio si los algoritmos cuentan con datos neutros de lo que pasa, de las evidencias, éstos podrían ser mejores que los humanos. De momento, las decisiones basadas en datos no son tan buenas como quisiéramos”.

“Se destruirán millones de puestos de trabajo pero, también y, según el Foro Económico Mundial, habrá una creación neta de 58 millones de puestos, radicalmente distintos a los que se destruyen, y para los que, de momento, no hay jóvenes preparándose”

“Importancia de ver la IA como una oportunidad: de mejorar la sociedad, de sobrevivir como especie. Para lo cual no queda otra que prepararnos”.

 

“Cuando soplan vientos de cambio, unos construyen muros y otros construyen molinos” (Proverbio chino)

¿Y si en lugar de “racanear”, de pelearnos con el cambio o, peor todavía, de negar lo que está por venir, nos apuntamos al mismo? Recuerda que la transformación digital es, en realidad, una transformación a nivel social en la que, la innovación, los algoritmos, la IA, el big data…, en definitiva, la digitalización,  no es más que un instrumento al servicio de aquella, es decir, un medio y no un fin. En este contexto, la flexibilidad, el “bailar” con la incertidumbre, la resiliencia (que no la resignación)… y, sobre todo, el aprendizaje constante (donde, por cierto, la formación on line te permite continuidad, inmediatez, comodidad, especificidad…), son competencias que habremos de incorporar a nuestra mochila si no queremos que la transformación que se está gestando, termine por apearnos del tren hacia nuestros objetivos. El “coger las riendas” de nuestros procesos de desarrollo personal/profesional, el asumir nuestra parte de responsabilidad, -que nada tiene que ver con dejación de funciones por parte de las administraciones y entidades y, mucho menos, con “abandonar a su suerte” a tantas y tantas personas en situación de desempleo (en torno a 9 millones están en situación potencialmente vulnerable en relación al empleo, según el último estudio de Accenture dentro de la iniciativa “Juntos por el empleo de los más vulnerables”)-, nos hará, sin duda, salir reforzadxs, incidiendo en el lado de la ecuación sobre el que tenemos más “control” ya que, sobre el resultado –si buscamos empleo- también inciden una serie de factores que escapan a nuestra influencia.

Evidentemente las consecuencias, como ya he mencionado y, como casi siempre, son peores para aquellas personas que están en situación de especial vulnerabilidad y que, por ende, precisarán de esfuerzos –e inversiones- redoblados por parte de todos los agentes implicados: administraciones, empresas, entidades y asociaciones…y, en definitiva, sociedad en general. La idea pasa por la sensibilización, por la concienciación encaminada a impulsar proyectos e iniciativas, también buenas prácticas, de mejora de la empleabilidad, y que rebosen compromiso y buen hacer, en muchas ocasiones, más allá del empleo y la formación –inclusión-, para con los más vulnerables. Proporcionar espacios de desahogo, reconducir el discurso negativo, generar opciones, facilitar el acceso a la información y a la tecnología,  alfabetización digital, marcar objetivos, diseñar planes, validar estrategias…, pueden ser pinceladas a implementar por parte de lxs que estamos “al otro lado”. Y, cómo no, aprovechar las múltiples opciones que nos ofrece la digitalización, sobre todo a la hora de comunicarnos con las personas que atendemos, y de recoger la información, una información en forma de datos que habrá que analizar (trazabilidad) con el fin de darles un mejor sentido a nuestros programas y servicios. ¿Seremos capaces de “humanizar” la tecnología?, ¿lograremos fomentar la participación social?, ¿haremos realidad el sueño de que no haya descolgadxs?, ¿seremos percibidxs como más cercanxs?, ¿daremos con la tecla adecuada para mitigar la polarización social que ya “apesta”?, ¿de verdad, los derechos y el desarrollo de la ciudadanía, son el propósito de las políticas de empleo?,  ¿las personas que no posean cierto grado de digitalización estarán están en condiciones de ejercer sus derechos básicos?, ¿qué papel ha de jugar y jugará la Orientación Laboral -también la educativa-  en todo este proceso?… Y, en este contexto ¿estamos preparadxs para dar respuesta a alguna de las necesidades señaladas?, ¿podremos las entidades sociales erigirnos en “punta de lanza” para implementar soluciones ad hoc?, ¿las distintas administraciones serán capaces de apostar por programas, en el marco de las nuevas tecnologías, que no precisen de un retorno inmediato y que, por tanto, garanticen cierta continuidad?… John McCarthy, director del International Centre for Career Development and Public Policy apunta algunas propuestas, en cuanto a los servicios de orientación,  en esta entrevista (Fuente: educaweb).

“La tecnología permite al tonto de una generación llegar más allá que el genio de la anterior” (Max Gluckman)

En esta vorágine de cambios, podría decirse que la única certeza eres tú, tú y tu perfil profesional, tú y aquello que eres capaz de aportar al mundo, tú y tu manera única de ser, tú y tu manera única de hacer, de estar, de compartir, colaborar, tú y tu manera única de crecer profesionalmente, tú y tu manera única de posicionarte a nivel profesional (cuéntale al mundo qué puede esperar de ti)….¿Por qué no “aprovecharte” a nivel estratégico? Trabajar en tu perfil profesional, en tu identidad digital, en desvelar, poner en marcha y comunicar tu talento (no sólo hacia el interior de “tu” empresa), te ofrecen una oportunidad, a tener en cuenta,  de ser conocido, reconocido y, por qué no, “querido”.  Aprovecha el entorno digital y las nuevas herramientas para mostrar y demostrar aquello que sabes hacer y, cómo no, para continuar invirtiendo en tu red de contactos. ¡Te lo agradecerás! Más que imaginarnos “peleando” con las máquinas, quizás convenga apostar por aquello que, precisamente, nos diferencia de ellas, por aquellas competencias más “humanas”, menos automatizables, también por competencias digitales (¿adquirirán el estatus de derecho fundamental?), sin descuidar las técnicas, alejándonos de tareas repetitivas, e incidir en creatividad, imaginación, comunicación…, en definitiva, en desempeños generadores de auténtico valor. ¿Una pista?: Johan Moravec le asigna las siguientes competencias al knowmad (¿trabajador/a del futuro?): creatividad e innovación, muy conectadxs con las personas, aprendizaje continuo, nativxs digitales o alfabetizadxs digitalmente, gestorxs del conocimiento, creadorxs de redes, sin fronteras, flexibilidad, apasionadxs de sus trabajos, tolerancia a la frustración, responsabilidad y conectadxs con un propósito vital (Competencias del siglo 21).

¿Te animas a contarnos cómo estás “viviendo” tú el cambio?, ¿de verdad que viene el “Coco”?, ¿y si sólo nos quedase sonreír?, ¿No creéis que juntxs, remando en la misma dirección -administraciones, empresas, entidades sociales y, por supuesto, ciudadanxs- somos “invencibles”?

Muchas gracias, como siempre, por leerme 😉

 

 

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