Sin Valor…no hay Paraíso

Ya está! Estás cansadx de buscar empleo de la manera tradicional, es decir, te has dado cuenta de que, además de inscribirte en un montón de webs de empleo, de contarle a tus familiares y amigxs que quieres trabajar o cambiar de empleo,  y de patearte la ciudad –y más allá-, vas a hacer algo más. Te has decidido, vas a “coger las riendas” y salir a provocar, sí a generar oportunidades, vas a pasar a la caza, te vas a apuntar al tren de la proactividad. Ya no quieres esperar más. Lo tienes claro, vas a trabajar, a poner toda tu energía, en esa parte de la ecuación sobre la que tienes más control: el proceso. Trabajarás en tu autoconocimiento, descubrirás quién eres, qué te gusta y motiva, qué sabes hacer, cuáles son tus intereses, qué valores te acompañan, para qué quieres trabajar, en qué entornos –alineados contigo- te sientes “como pez en el agua”-… Además, repasarás quién(es) te acompañan, quién(es) te puede(n) ayudar a alcanzar ese objetivo(s) que te has marcado. Abundarás en tus emociones, en cómo vives lo que vives, en qué tareas o actividades te hacen moverte, en cómo las afrontas, en descubrir aquello con lo que se te pasan las horas… Y, tratarás de que todo lo anterior, “cobre forma” en torno a tres cuestiones clave. Veámoslas…

¿Qué sabes hacer?

Este apartado es muy importante. La fase de autoconocimiento te va a dar muchas pistas. No te fijes sólo en tu trayectoria más formal –experiencia y formación-, pon la mirada, también, en tus talentos, aquellos que, quizás, no utilizas habitualmente, en tus pasiones –eso que te motiva excepcionalmente-, en tus aficiones –eso con lo que disfrutas a diario- … pero, sobre todo, anímate a ponerle nombre, si es en forma de competencia, mejor que mejor. Aunque parezca de perogrullo, debes saber poner nombre a aquello que sabes hacer, ¡cómo, si no, se lo vas a contar al mundo! Prueba a hacer una lista, lo más rica posible. Piensa que, aquello que sabes hacer, suele ser una evolución “natural” de quién eres. Repasa tu trayectoria, redescúbrete. Ah y, si quieres “rizar el rizo”, anímate a preguntar a tu entorno. Una cosa es cómo tú te ves, qué es lo tú crees que haces, qué crees que transmites o proyectas y, otra cosa muy distinta, es cómo te perciben. Pregunta, no te cortes, enriquecerás el resultado. Quizás, descubras una habilidad que no estés utilizando, una competencia que se te haya pasado por alto… La idea es quedarte con aquello que sabes hacer bien, con aquellas competencias que vas a presentar a tu(s) cliente(s).

competencias

¿Quién es tu cliente?

Bueno, aquí hablamos de aquellas personas que se van a beneficiar del punto anterior, de aquello que sabes hacer, aquellas personas que te van a pagar por lo que ofreces. Si seguimos a Tim Clark, Alexander Osterwalder e Yves Pigneur en “Tu modelo de negocio”, a veces, en la categoría de clientes, no sólo cabe la empresa, organización o persona que te remunera por tus servicios, también podemos considerar clientes a otras personas o grupos. Por ejemplo, aquellas personas que se benefician de tus actividades diarias y que no te pagan de manera directa, y que son lxs destinatarixs finales de tu intervención. Revisa tu sector, tu ocupación de interés, repasa dónde puede tener cabida eso que tú sabes hacer, en qué entornos puede ser de utilidad… Por qué no, de manera gráfica, por ejemplo, a través de un Mapa de empatía. Se trata, básicamente, de ponerte en su lugar, de “meterte” en sus zapatos –también vale preguntar-, y tratar de averiguar qué ve, qué dice y hace, qué oye, qué piensa y siente pero, sobre todo, dónde centra sus esfuerzos (tareas, actividades, riesgos, obstáculos, problemas) y qué espera conseguir (resultados, beneficios, oportunidades, deseos). Todo lo anterior, te ayudará a afinar tu propuesta, a diseñar un producto o servicio que dé respuesta a sus necesidades, a presentar eso que tú sabes hacer de manera que aporte valor al cliente. Cuanto más tiempo dediques a investigar a tu entorno/cliente/empresa objetivo, más completa será la información que recabes. No te olvides de su misión, visión y valores. El que estén alineados con tu propósito, facilitará tu labor.

¿Qué valor aportas?

La idea es desvelar el cómo, el ponerle nombre a cómo tus actividades, aquello que ofreces, le genera valor al cliente, en cómo respondes a sus necesidades.

“Como cuando voy de pesca no pienso en lo que me gusta a mí, sino en lo que prefieren los peces, no cebo el anzuelo con fresas y crema” (Dale Carnegie en el libro “Como ganar amigos e influir sobre las personas” 1936). Una buena metáfora para recordarte que el aporte de valor, la entrega de valor a tu(s) cliente(s), conforma el centro de tu estrategia, aquella que, como habíamos quedado al principio, va más allá de la “simple” búsqueda de empleo.

Según Alexander Osterwalder e Ives Pigneur (“Diseñando un propuesta de valor”), la idea pasa por prestar atención a tres aspectos clave: perfil del cliente/empresa/organización y sus características, el mapa de valor (herramienta que nos ayudará a la hora de identificar cómo aportar valor) y el encaje. Es el momento de rescatar los dos últimos apartados del punto anterior y poner nombre a las necesidades u objetivos del cliente (a aquellas tareas habituales que trata de resolver), y a cómo espera satisfacerlas, trasladarlo a una herramienta (nos sirve una tabla en Word o Excel) y determinar el encaje, el cómo aquello que tú le vas a ofrecer generará valor (según Guillem Recolons “se trata de una combinación perfecta entre relevancia y diferencia”). En definitiva, tus servicios han de dar respuesta a sus necesidades/tareas/objetivos, generando alegrías/oportunidades y/o resolviendo/aliviando fracasos o problemas. Además y, siguiendo al propio Guillem, la manera concreta en cómo tú vas a hacer lo anterior, tu manera particular de hacer lo que haces –que te caracteriza y es más difícil de imitar-, es lo que va generar la auténtica diferencia entre tu propuesta y la de lxs demás. Aquí radica tu auténtico plus, aquel que conecta de manera especial contigo, con tu manera única de hacer las cosas, con tu esencia. Aprovéchala.

valor

Una vez claro lo anterior, teniendo muy presente que tu propuesta de valor es el centro de tu estrategia, puedes continuar utilizando el lienzo Canvas para trasladar tu propuesta al cliente/empresa/entidad. Sin entrar en profundidad y, adaptándolo a un proceso de búsqueda de empleo pero, sin perder de vista la pertinencia de posicionarte en tu sector de interés –de gestionar tu Marca-, alguna de las variables a tener en cuenta son:

  • Quién te va a ayudar (quién te puede referenciar, quién te pueden “allanar” el camino, quién te pueden facilitar el acceso). Contactos, competencia, prescriptorxs…, son aliados a tener en cuenta. Hazles saber que buscas empleo pero, también, muéstrales demuéstrales tus competencias, aquello que sabes hacer, para que sepan en qué destacas y te puedan recomendar mejor. Esto no va de ti, bueno un poco sí. Va, sobre todo, de que otrxs reconozcan lo que sabes hacer y, además, te recomienden, acelerando el proceso.
  • Cómo vas a hacer llegar tu propuesta, a través de qué canales “venderás”, cómo te van a conocer. Recuerda que, una vez más, la clave reside en posicionarte y en utilizar aquellos canales en los que tu cliente tenga presencia. No utilices exclusivamente el entorno on line –blog, sobre todo-. Fuera de la red, también suceden cosas.
  • Qué tipo de mensaje vas a utilizar. Es de mucha utilidad, generar uno que te sirva de base para, luego, adaptarlo a las distintas herramientas y a los distintos medios. Una vez redactada la propuesta, trata de darle forma y de adecuarla a diferentes formatos: elevator pitch, LinkedIn, currículum… Ah, casi se me olvida, cada cliente precisa de una propuesta ad hoc. Personalidad, emoción…, te diferencian del robot.
  • Cómo te vas a relacionar con tu target. La mayoría de las veces será presencial pero, en ocasiones, por ejemplo, si te dedicas a la consultoría, asesoría, orientación laboral, las videoconferencias, son una opción imprescindible. ¿Y en torno a un proceso de selección?, ¿cómo me relacionaré antes, durante y después?
  • Qué actividades has venido realizando, y cuáles vas a empezar a utilizar, para acercar tu propuesta al cliente. ¿Te ha funcionado la búsqueda tradicional?, ¿qué vas a incorporar? No hay que pensar, solamente, en actividades de búsqueda de empleo. Aquí, también tienen cabida actuaciones de formación, de sistematización y organización de tu tiempo y de los procesos de trabajo… Y, evidentemente, actividades vinculadas a la gestión de tu marca personal.
  • Qué recursos clave vas a necesitar. Si nos fijamos en el Canvas, de manera estricta, el recurso clave eres tú mismx: personalidad, valores, intereses, competencias, experiencia, contactos… Si lo adaptamos a la búsqueda de empleo, pueden tener cabida, también, carta de presentación, CV, perfiles en rrss, correo profesional, perfil en portales de empleo, agenda, perfil en webs de ett’s, guías…
  • Qué costes te va a suponer. Económicos (algún café habrás de pagar) pero, sobre, todo, nivel de tiempo y de desgaste emocional. Optimiza tu tiempo, diseña un plan y, si lo necesitas, pide ayuda.
  • Beneficios. Analiza y “pon blanco sobre negro” qué retornos estás obteniendo. Lo que haces, ¿te acerca a tus objetivos?, ¿logras entrevistas?, ¿te llaman para contar contigo?… Pensando en un puesto en concreto, ¿qué condiciones estarías dispuestx a aceptar?

No te quedes paradx, escucha y activa ese motor interno que, quizás, esté desentrenado, da un paso tras otro -aunque, en ocasiones, no sea exactamente “en lo que quieres”,- en pos de tus objetivos –coge tu brújula-, no te pares demasiado con lxs que se resisten al cambio, con lxs que se niegan a probar algo diferente, rescata tu determinación y tu compromiso –para contigo mismx-, no malgastes tu tiempo ni tus energías –suelta lastre-, conviértete en un(a) profesional del siglo XXI (según Eva Collado en su libro “El mundo cambia, ¿y tú?”, caracterizadx por: aprendizaje constante, innovación, excelencia, competitividad, mostrar tu talento y ser aquello que el entorno demanda y necesita), persevera, insiste y, lejos de esperar –y desesperar-, “provoca”, haz que las cosas ocurran, genera oportunidades. Entregar valor, en definitiva, pasa por identificar tus talentos, por descubrir en qué y a quién aportas valor y, cómo no, por mostrarlo, eso sí, dejándote acompañar.

Como siempre, muchas gracias por leerme 😉

Fuente imágenes: 3dman_eu (pixabay)

Anuncios

Un pensamiento en “Sin Valor…no hay Paraíso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.