¿Digitalmente competentes: laboralmente válidos?

¿Vivimos en un mundo digital? Creo que todavía no. Pero sí se puede afirmar que nos encontramos al inicio del camino, donde lo analógico y lo digital, de momento, conviven; un camino, el de la transformación digital, que está dando lugar a cambios por doquier en nuestro día a día, en nuestras actividades diarias, y, por supuesto, en nuestro entorno laboral, sea éste el que sea. Hemos pasado de ser simples consumidores a prosumidores, somos capaces de editar imágenes, música o vídeos, de realizar trámites con  la Administración, de buscar empleo, de mostrar nuestro talento, de dar visibilidad a nuestra marca personal, de gestionar redes de contacto…, en definitiva, de satisfacer necesidades y ofrecer nuestros productos, utilizando el entorno de la Red. La trasformación digital afecta a cómo trabajamos, a cómo y dónde aprendemos pero, sobre todo, a nuestra manera de comunicarnos, ya que requiere del manejo  de nuevas herramientas  y de nuevos lenguajes. Lo global y lo local pugnan en importancia,  los entornos laborales comienzan a estar hiperconectados, las distancias se atenúan, y los retos, pero también las oportunidades, a las que nos hemos de enfrentar organizaciones y profesionales, están creciendo cada día. Y para hacernos con estas últimas, hemos de echar mano de nuestro bagaje de competencias, también las digitales, de nuestra capacidad de aprender y reaprender, y desaprender y volver a aprender pero, sobre todo, de aprender a aprender. Lo digital se convierte en un fin pero, sobre todo, en un medio para adquirir y adaptar el conocimiento, y para que éste también llegue a todos/as, jóvenes, adultos y, también,  a los más vulnerables. Tal y como dice George Siemens “nuestra habilidad para aprender lo que necesitamos mañana, es más importante que lo que sabemos hoy. Cuando el conocimiento se necesita, pero no es conocido, la habilidad de conectarse con fuentes que corresponden a lo que se requiere es una habilidad vital. A medida que el conocimiento crece y evoluciona, el acceso a lo que se necesita es más importante que lo que el aprendiz posee actualmente”.

Pero, ¿qué se entiende realmente por competencia digital?

Las competencias digitales, según Wikipedia, hacen referencia al “conjunto de conocimientos, capacidades, destrezas y habilidades, en conjunción con valores y actitudes, para la utilización estratégica de la información, y para alcanzar objetivos de conocimiento tácito y explícito, en contextos y con herramientas propias de las tecnologías digitales”.

Entre las competencias básicas que ha de poseer cualquier ciudadano/a, según el Ministerio de Educación, se encuentra la competencia digital, la cual implica “ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las distintas herramientas tecnológicas; también tener una actitud crítica y reflexiva en la valoración de la información disponible, contrastándola cuando es necesario, y respetar las normas de conducta acordadas”.

Si nos fijamos en la rúbrica de Conecta 13, los/as ciudadanos/as competentes digitalmente deberíamos de ser capaces de “entender los códigos comunicativos propios de los contextos digitales y usarlos de forma eficiente para comunicarnos en la Red; filtrar y clasificar la información de la web según los intereses; participar en comunidades virtuales; de crear y editar contenidos digitales; de compartir en la Red; de entender los aspectos legales y éticos relacionados con el uso de las TIC, así como con los aspectos relacionados con la gestión de la privacidad y la seguridad; de crear y gestionar una identidad digital; de utilizar herramientas de trabajo colaborativo; de trabajar y expresarse de forma creativa con las TIC, y de aprender de (y con) las tecnologías digitales”.

Poniendo la mirada en lo que dice el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea, la competencia digital es una de las ocho competencias clave, y se refiere a ella en los siguientes términos “entraña el uso seguro y crítico de las tecnologías de la sociedad de la información (TSI) para el trabajo, el ocio y la comunicación. Se sustenta en las competencias básicas en materia de TIC: el uso de ordenadores para obtener, evaluar, almacenar, producir, presentar e intercambiar información, y comunicarse y participar en redes de colaboración a través de Internet”.

El DigComp, un marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía (European Digital Competence Framework for Citizens), destaca cinco áreas que describen lo que implica ser “competente digitalmente”: el procesamiento de la información, la comunicación, la creación de contenidos, la seguridad y la resolución de problemas.

Fruto de la adaptación del anterior (DigComp) y del Marco Europeo de Competencia Digital para Educadores (DigCompEdu), surge el Marco Común de Competencia Digital Docente (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a través del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado -INTEF-), donde el nivel competencial se divide en 5 áreas en las que se incluyen 21 competencias. En cada competencia se establecen 6 niveles y se fijan unos descriptores basados en términos de conocimientos, capacidades y actitudes. De esta manera, la herramienta puede ser utilizada para realizar una autovaloración de las competencias digitales del profesorado (según el Marco Común de Competencia Digital Docente), para acreditarlas a través del Portfolio de la Competencia Digital Docente y para desarrollarlas, en el marco de un proceso de autoevaluación continua que permite actualizar el registro de la información, muy en la línea de ser un instrumento vinculado a la idea de aprendizaje a lo largo de la vida. En definitiva, el proceso consiste en una autoevaluación a la que hay que añadir unas evidencias, para pasar a solicitar al INTEF el reconocimiento del nivel competencial, que pasará a acreditarse (y se podrá almacenar en EducaLab Insignias), una vez comprobada su “veracidad”.

En mi entorno más próximo contamos con Ikanos, un proyecto del Gobierno Vasco, desarrollado en el ámbito de la Agenda Digital 2015, con el fin de colaborar, compartir y difundir qué son las competencias digitales y cómo adquirirlas. Cuenta con un test que permite al ciudadano/a un autodiagnóstico de su perfil digital, basándose en su potencial para el desarrollo de las competencias digitales, en su bagaje formativo en el ámbito de las TIC y en su nivel de competencia digital. En cuanto a la certificación pública de las competencias digitales, contamos con un servicio público, IT Txartela, integrado por una completa Red de Agentes: SPRI – Agencia de desarrollo empresarial del Gobierno Vasco, Tecnalia Research & Innovation, la red pública vasca de telecentros KZgunea, así como centros de enseñanza, que persigue, vía evaluación de las competencias digitales, la cualificación de perfiles profesionales.

Si trasladamos la mirada al entorno laboral -y prelaboral- la iniciativa Juntos por el Empleo de los más vulnerables, a través de una plataforma alojada en la nube de Accenture, ofrece una serie de “soluciones” digitales con el fin, entre otros, de mejorar las oportunidades laborales -mejorando su nivel de empleabilidad- de los colectivos en situación de especial vulnerabilidad. En este sentido, y a sabiendas de que ya  nadie pone en duda que la transformación digital está aquí, y no sólo eso, que ha llegado para quedarse -al margen de consideraciones éticas, es un hecho objetivo, ante el que te adaptas o te adaptas-, y que, como casi siempre, los más vulnerables, los colectivos en riesgo de exclusión, serán con toda probabilidad los que deban remar con más fuerza si no quieren tener que hacer frente a una “brecha” más, la digital, se ha puesto en marcha un nuevo proyecto que tiene como primer escalón la competencia Ser Digital, que se define como “como la capacidad de mostrar un talante abierto a la transformación y la experiencia digital, con una actitud receptiva al cambio, colaborativa y responsable hacia el mundo online y las nuevas tecnologías”, basada en tres rasgos: apertura a la trasformación, interacción en red, e identidad digital, y que ha de servir para seguir avanzando en la “escalera digital”, trabajando competencias básicas, transversales y específicas, que ya se ven afectadas por la presencia digital, como base de profesiones que van incorporando nuevas formas de hacer, propias de “los nuevos tiempos”.

En este contexto, Fundación Secretariado Gitano y Cruz Roja, ya están dando pasos, y presentaron el pasado 4 de diciembre el proyecto Empleando Digital, un proyecto de innovación en la inserción laboral, que se va a implementar -ya se está implementando- desde sus respectivos programas de empleo, Programa Acceder y Plan de Empleo de Cruz Roja, con la colaboración de Accenture, y que tiene por objetivo fundamental mejorar la inserción laboral de los colectivos más vulnerables. La idea pasa por aprovechar nuestra trayectoria en programas de empleo -amplia y reconocida- para, a través del desarrollo y/o transformación de metodología, profesionales y participantes, adecuar nuestra intervención a las características y necesidades de la era digital.

Se me ocurre una pregunta, ¿todas y todos hemos de ser competentes digitalmente? Y trato de responderla con otra (a la gallega), a riesgo de ser excesivamente simplista, ¿todas y todos debemos saber conducir? Una respuesta lógica nos dice que no. Sin embargo, en el entorno actual en el que nos movemos, el no saber conducir ¿no limita tu capacidad de movimiento?, ¿no te hace depender demasiado de las y los demás? De la misma manera, en un entorno que tiende a la digitalización “total”, el carecer de competencia digital, ¿no implica pasar a quedar excluido/a?, ¿no implica limitaciones en el acceso a ciertos servicios?

¿En qué punto nos encontramos las y los Orientadores/as Laborales, las y los Técnicos/as de Empleo?, ¿será necesario desarrollar nuestra competencia digital?, ¿no será patrimonio exclusivo de las y los nativos/as digitales? La búsqueda de empleo de los nuevos tiempos ¿requerirá enfoques y estrategias propias del siglo XXI?, ¿será necesario crear o diseñar herramientas de diagnóstico que nos permitan recabar datos precisos de los aspectos en los que hay que incidir de cara a formarnos como Orientadores/as competentes digitalmente?, ¿deberemos ser “expertos/as” en tecnología?, ¿habrá que ir un paso más allá del manejo de herramientas digitales?, para los que somos “inmigrantes digitales”, ¿tendremos que someternos a una verdadera inmersión tecnológica?, ¿la escasez de tiempo es un argumento de peso?,  ¿será cuestión de escasa sensibilización?, ¿tendrá aplicación a la práctica diaria?, ¿me facilitará la labor?, ¿podré dedicarme a tareas que realmente aporten valor? ¿Qué papel jugamos como ciudadanos del siglo XXI si no somos competentes digitalmente?, dentro de las organizaciones ¿de quién es la responsabilidad?, ¿sólo de los equipos directivos?

Si queremos incorporar las nuevas tecnologías a la mochila de herramientas de nuestras/os clientes, parce lógico comenzar por interiorizar dicha cultura -y no me refiero sólo al manejo- a nuestra práctica diaria. Los tiempos han cambiado y nosotras y nosotros hemos de adaptarnos (en la mayoría de los casos ya lo estamos) a las nuevas reglas. Si quiero tener alguna opción de disputar la partida digital, al menos he de moverme conforme a las reglas que dictan el devenir del juego. En este entorno, la sensibilización, el acometer el desafío digital con la actitud adecuada, es el paso obligatorio que, al menos, y según mi punto de vista, nos va a deparar mejoras en dos aspectos clave: ahorro de tiempo (analizar un montón de datos en espacios de tiempo relativamente cortos -variables de ocupabilidad-, y predecir patrones, en nuestro caso hitos de un itinerario, con miras a obtener mejores resultados -optimización de itinerarios-), y dedicar mayor tiempo a aportar valor, es decir, a realizar tareas que realmente suponen un valor añadido para nuestras/os clientes, para nuestra entidad y para nosotras y nosotros como profesionales. Lo digital es un desafío para toda la organización, de arriba abajo, de abajo a arriba, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, un desafío que supone potenciar una nueva cultura en la que, las competencias digitales, tienen un papel protagonista.

Pasar de usuario a usuario competente, requiere dominar todos los rasgos de una competencia, es decir, no vale sólo con conocer (saber), ni sólo con manejar (saber hacer), sino que hay que poder hacer (los recursos han de existir en el entorno), hay que saber ser (muy vinculado a lo actitudinal) y saber estar (relacionado con el compartir, con el aprender de manera colaborativa y con los aspectos éticos y normas propias de un contexto). Os dejo con una propuesta de Conecta13 que vincula tareas y posibles herramientas para implementarlas.

Fuente: Conecta13, Educación y Desarrollo Profesional S.L.

“Los analfabetos del siglo 21 no serán aquellos que no saben leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”  (Alvin Toffler)

Si decidimos movernos, ¿por dónde empezamos? Siempre por el principio, por evaluar nuestro nivel actual, muy en la línea de la competencia “Identificación de lagunas en la competencia digital”, una de las competencias -puede ser la que sirve de punto de partida-, dentro del marco de competencias digitales DigComp, para, más adelante, formarnos y acreditarnos. ¿Por qué no nos organizamos formando comunidades? Comunidades que nos sirvan, más allá del aprendizaje en solitario, para aprender de y con otros/as. Que el compartir y colaborar sirvan de palanca para avanzar. Tal y como defiende RocaSalvatella en 8 competencias digitales para el éxito profesional, “el profesional con la competencia de aprendizaje continuo es capaz de gestionar su propia capacitación digital; emplear Internet para mantenerse actualizado respecto a su especialidad o campo de conocimiento; conocer y utilizar herramientas y recursos digitales para la buena gestión del conocimiento; participar en actividades de formación reglada o informal en línea; contribuir al aprendizaje entre iguales en entornos virtuales y comunidades de practica; transferir su capacitación de entornos analógicos a los nuevos entornos y herramientas digitales; dar visibilidad a su capacitación profesional utilizando la red y establecer y mantener una red de contactos profesionales de valor en redes virtuales”.

Fuente: Modelo RocaSalvatella de competencias digitales

¿Por qué no comenzamos por crear nuestros entornos personales de aprendizaje (PLEs), como itinerario de formación propio, a la carta, en el que, tras descubrir qué queremos aprender -primer paso fundamental antes de lanzarte a “cacharrear”-, a qué necesidades vamos a dar respuesta, con qué competencias de partida contamos, en qué entornos me voy a mover y quiénes serán mis compañeros/as de trayecto. El desafío para nuestro desarrollo profesional ya no está tanto en los conocimientos que tenemos, que vamos almacenando con la experiencia, sino en nuestra capacidad de aprendizaje continuo, de adaptarnos a las necesidades que nos vayan surgiendo, de autogestionarnos,  y en el poder aprender de y con otros/as, en red. ¿Será esto suficiente?, ¿administración y empresas no tendrán parte de responsabilidad como proveedores de una formación actualizada y avalada, que vaya más allá de la autoformación?, ¿alguien se anima para dar el primer paso y juntarnos en algún evento en el que compartir y debatir buenas prácticas? Mientras tanto…

Os dejo algunos recursos:

Como siempre, muchas gracias por leerme!

 

 

 

 

 

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3 pensamientos en “¿Digitalmente competentes: laboralmente válidos?

  1. Un artículo muy completo y trabajado Maxi. Me ha encantado. Gracias por compartirlo, por las propuestas y por los recursos.

    A ver si tenemos oportunidad de desvirtualizarnos en un evento, juntarnos y compartir como tan acertadamente propones.

    Un saludo agradecido

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    • Muchas gracias, Xosé. Para mí sería un placer. Sé que tenemos a alguien cercano en común: Gorka. No estaría mal que pudiésemos darle una vuelta a lo que cada uno tiene en mente, para tratar de extraer aprendizajes que nos sirvan a todos/as.
      Un saludo!

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  2. Pingback: Lecturas de verano – plandempleo

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