¿Estás usando tu actitud en tu entorno laboral?

A finales del año pasado -qué lejos parece esto ya-, Trabajando.com y Universia han realizado una serie de encuestas (1.840), con el fin de conocer de primera mano, cuáles son las intenciones de los profesionales de cara a este año que acabamos de estrenar. Para ello, llevaron a cabo el sondeo “Evolución y evaluación laboral” en el que, a la pregunta, ¿te planteas buscar trabajo a corto/medio plazo?, el 94% de las y los encuestados ha contestado que “Sí”. Se plantearon otra serie de cuestiones como años de experiencia laboral, sectores en los que se ha trabajo, número de empresas a las que se ha prestado servicio … pero, lo que realmente llama la atención es el altísimo porcentaje de profesionales que quieren cambiar de empleo a corto o medio plazo. Entre los motivos, la búsqueda de desarrollo profesional (30%) y la mejora de las condiciones laborales (26%), copan las dos primeras posiciones.

Otro de los informes que arroja datos en la misma línea es el de Infoempleo/Adecco, que afirma que el 67,4% de los candidatos empleados buscan trabajo de forma activa, y que sólo la mitad de las y los profesionales se sienten valorados en su trabajo.

Una de las primeras cuestiones a plantearse, a mi modo de ver, es ¿qué hacen o van a hacer las empresas para evitar esta “fuga” de profesionales?, ¿están haciendo algo para retener/atraer talento?, ¿son realmente conscientes de qué aspectos son los que importan para los profesionales más allá de las cestas de navidad?, ¿saben en qué nivel de la pirámide de Maslow está cada una y cada uno de “sus” profesionales? Pero esto es material para otra(s) entrada(s).

Si rescatamos, de nuevo, el Informe Infoempleo/Adecco, nos topamos con algunos datos muy interesantes: la mayoría de las empresas consideran la experiencia y la edad, como dos de los requisitos más utilizados de cara a evaluar la idoneidad de las y los candidatos. Más concretamente, el 79,55% de las ofertas de empleo tiene a la experiencia como requisito más demandado, por un 26% en las que aparece la edad copando el podio (factor sociodemográfico que continúa siendo decisivo en la mayoría de las contrataciones, y sobre el que nada puede hacer el candidato, salvo “esperar a que avance el tiempo” -si tiene la suerte de ser joven-, para mejorar su nivel de ocupabilidad). Según el mismo informe, esto es así por la dificultad que tienen las empresas para poder constatar cualidades menos tangibles, como las competencias y habilidades profesionales, que poseen las y los profesionales que optan a las distintas vacantes de empleo; es decir, la dificultad a la hora de cuantificar ciertas variables, hacen que la experiencia (muy por encima de la formación) y la edad, sean dos de los requisitos más valorados.

#actitud #empleo

De momento, los aspectos actitudinales -más propiamente humanos, y que más nos diferencian de los bots– no aparecen por ningún lado. Yo que creo firmemente en la archiconocida fórmula de Víctor Küppers, en la que tanto el éxito personal como el profesional se pueden medir en relación con: (C+H) x A. Donde la “C” son los conocimientos, más que necesarios, la “H” son las habilidades, ¡quién las va a discutir!, pero donde realmente la diferencia en el éxito que puedas llegar a tener viene marcada por la “A” (actitud) que, además, aparece multiplicando; también pienso que, en cualquier profesión, tarea o área de la vida, y por ende en cada profesional, la actitud asoma como fundamental para lograr los mejores resultados. Según Küppers “la actitud se trabaja. Estamos acostumbrados a esperar que brote de manera espontánea, pero, si las circunstancias no lo permiten, debemos aprender a provocarla”.

Si indagamos un poco más en el informe de Infoempleo/Adecco -en busca de aspectos ligados a la actitud- encontramos que, ante la pregunta ¿qué habilidades interpersonales o soft skills debe reunir el candidato o empleado ideal?, las primeras posiciones son para trabajo en equipo (72,30%), resolución de problemas (61,49%), capacidad de organización y planificación (52,70%) y habilidades comunicativas (47,97%); y que, una actitud positiva, curiosamente sólo es importante para 3 de cada 10 encuestados (33,61%). ¿Estaremos yendo en la dirección correcta?

Yo trabajo, gran parte de mi jornada laboral, en un servicio de empleo y formación (Programa Acceder), y no son pocas las veces que he podido constatar que los conocimientos, las habilidades, la experiencia .., en definitiva las aptitudes, facilitan el acceso al mercado laboral y te hacen más o menos empleable, pero que, los aspectos actitudinales, la motivación, la pasión, las ganas, etc., son vitales a la hora de mantener un empleo y suelen ser, cuando  no están presentes, las primeras causas de la pérdida del mismo.

En este mismo sentido se posicionó Nuno Moreira -director de Galp para España- en la ponencia Women In Business (citado por cincodias.elpais.com) “el 90% de las contrataciones se hacen por coeficiente intelectual, sin embargo, en prácticamente todos los despidos lo que cuenta es la actitud”.

Siguiendo con los datos del informe, es más que asombroso que, en un entorno como el actual, lleno de cambios y de incertidumbre, en plena transformación digital, con la innovación llamando con fuerza a nuestras puertas, competencias clave como la innovación, la red de contactos, la creatividad, la capacidad crítica, la polivalencia/versatilidad y la flexibilidad, ocupen las últimas posiciones. ¿Nos estaremos equivocando? ¿No son éstas, competencias propiamente humanas, y que nos pueden suponer ese plus tan necesario en un nuevo mercado marcado por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas?

Tratando de concretar lo dicho hasta aquí, vemos que un porcentaje elevadísimo de profesionales no descarta “cambiar de aires”, y que, tanto la experiencia como la formación, y la edad, son aspectos muy importantes para los reclutadores a la hora de valorar la idoneidad de las y los candidatos. Si estás en desempleo, o tienes empleo pero no descartas escuchar  nuevas ofertas y, a pesar de las conclusiones que se pueden extraer del informe Infoempleo/Adecco,  estaría bien saber “venderte”, poner en valor tu profesionalidad, para lo que vamos a tratar de profundizar un poco más en este concepto, incidiendo sobre todo en los aspectos actitudinales -que considero de suma importancia-.

Según la Fundéu (BBVA), la profesionalidad es “la característica de la persona que desempeña un trabajo con pericia, aplicación, seriedad, honradez y eficacia”.

Para Wikipedia “el término, además, describe los estándares educativos y de preparación que permiten a los miembros de una profesión ejecutar los específicos roles que caracteriza a la misma. Los profesionales, en su mayoría, están sujetos a estrictos códigos de conducta, rigurosa ética profesional y obligación moral con la sociedad”.

Para Guudjob, un profesional ha de reunir las siguientes características: compromiso, actitud positiva ante la vida, simpatía y cercanía, equilibrio vida laboral/personal, conocerse y ser uno mismo, hacer y parecer.

“En comparación con lo que deberíamos ser, estamos apenas medio despiertos. Apenas estamos usando una pequeña parte de nuestros recursos físicos y mentales. El ser humano vive de lejos dentro de sus límites”.                                     William James

¿No estará lo anterior estrechamente relacionado con el talento?, ¿no serán profesionalidad y talento, “rasgos” íntimamente vinculados? Según Wikipedia “el talento, como aptitud, es la capacidad para desempeñar o ejercer una actividad. Está vinculada a la aptitud o la inteligencia. Se trata de la capacidad para ejercer una cierta ocupación o para desempeñar una actividad. El talento suele estar asociado a la habilidad innata y a la creación, aunque también puede desarrollarse con la práctica y el entrenamiento”. ¿No os parece que esta definición adolece de falta de aspectos más actitudinales, más cercanos a la motivación? Nadie va a poner en duda la pertinencia de contar con la capacidad, de que ésta, a través del trabajo, pueda devenir habilidad pero, ¿qué pasa con el contexto? El entorno en el que te desempeñas profesionalmente debe favorecer la puesta en práctica de tus talentos. ¿Y qué pasa con aquello que, habitualmente, nos diferencia de los demás, en un entorno tan igualado en lo competencial?, ¿qué pasa con las actitudes?, ¿el problema, como veíamos arriba, es que no se pueden medir?

Y, ¿no estará, así mismo, relacionado el termino de buen profesional con el concepto de competencia? Según Pereda y Berrocal, la competencia se puede definir como “conjunto de comportamientos observables que están causalmente relacionados con un desempeño bueno o excelente en un trabajo concreto y en una organización concreta”. En cuanto a los “componentes” parece haber acuerdo en los siguientes: saber (conjunto de conocimientos), saber hacer (habilidades y destrezas. No es suficiente con los conocimientos, hay que saber aplicarlos en situaciones reales de desempeño), saber estar (saber adaptarse a las normas y reglas de nuestra entidad, y de nuestro grupo de trabajo, en particular), querer hacer (ligado a aspectos motivacionales; debemos querer llevar a cabo los comportamientos vinculados a una determinada competencia) y poder hacer (los medios y recursos necesarios, han de estar disponibles). De nuevo vuelven a asomar con fuerza los aspectos actitudinales en forma de saber estar (se podría añadir el saber ser) y de querer hacer. Sin éstos, por muchos conocimientos y habilidades que poseas, el desempeño resultará “incompleto”.

En un sentido similar se pronuncia Howard Gardner al afirmar que “de acuerdo con su experiencia, los mejores profesionales se caracterizan por ser excelentes, comprometidos y éticos (ECE)”. Una vez más, los aspectos actitudinales cobran importancia a través del compromiso y de la conducta ética.

Tal y como hemos visto, lo actitudinal, a pesar de lo que dice el Informe Infoempleo/Adecco, tiene cada vez más importancia, actitudes que, junto a aspectos más aptitudinales, conforman la “mochila” con la que todo profesional da cuenta de su “valía” y que, a mi modo de ver, pueden sintetizarse en:

  • Actualización constante. Siempre quieren saber más. Hacen del lifelong learning un estilo de vida. Tal y como dice Francisco Alcaide “no hay mejor inversión que la que se hace en uno mismo”. Están abiertos al cambio, se muestran flexibles ante los nuevos paradigmas. Suelen erigirse en impulsores del cambio en el seno de las organizaciones.
  • Abiertos a desaprender. Muy relacionado con lo anterior. Entienden que la obsolescencia del conocimiento se produce, cada vez más, en un menor espacio de tiempo, por lo que la secuencia aprender/desaprender/volver a aprender es una constante. En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, la defensa a ultranza de ciertos métodos o enfoques no parece la estrategia más adecuada.
  • Son personas comprometidas con aquello que se plantean. Saben que para conseguir lo que quieren no pueden estar comprometidos al 20, 30 ó 40%. Si quieres algo, no sirve con estar un poco comprometido o comprometido a medias, has de estarlo al 100%. Difícilmente van a llegar los resultados si no estás comprometido. ¿Te has planteado alguna vez qué estás dispuesto a perder, a qué estás dispuesto a renunciar para alcanzar aquello que quieres? ¿Crees que las personas que consiguen resultados extraordinarios son seres extraordinarios, o personas ordinarias con una determinación extraordinaria?
  • Son conscientes de cómo son y, por supuesto, jamás se parapetan tras el “yo soy así”. Saben que la genética tiene un papel fundamental pero, también son conocedores, de que el entorno, lo que pensamos, sentimos y hacemos cada día, nuestra interacción con lo que nos rodea, y con quienes nos rodean, tiene un poder de activación enorme y, por tanto, de acercarnos o alejarnos de nuestros propósitos. Evidentemente, también conocen sus áreas de mejora, y trabajan en ellas para avanzar. Saben lo que valen, lo destacan y lo ponen en valor. Son conscientes de lo que pueden aportar y, sobre todo, del beneficio que aportan al empleador. Saben “venderse”.
  • Hacen gala de unos “buenos valores”. Son conscientes de que antes de profesionales, son personas. Por supuesto, buenas personas. ¿Crees que es posible ser buen profesional sin ser buena persona? (Entrevista a Howard Gardner en La Vanguardia). Son conscientes de que todo no vale, y suelen profesar un comportamiento ejemplar. Suele haber congruencia entre lo que piensan y aquello que hacen, y entre lo que “prometen” y los resultados que alcanzan.
  • Saben perfectamente para quién trabajan y quién es el destinatario final de sus servicios. Se adaptan con facilidad a la cultura de la organización, son personas orientadas al servicio, conocedores de la estrategia empresarial, que manejan los “tempos” de manera adecuada y, cómo no, con un dominio de las habilidades comunicativas -también online-.
  • Saben que la fórmula “yo contra el mundo” no es la más adecuada. Buscan y encuentran aliados. Son partidarios del “Co”. Colaborar, cooperar, cocrear, compartir …, son actitudes interiorizadas.
  • Son amables. Sí, habéis leído bien, son amables (¿qué pasa con la amabilidad?, ¿dónde se ha metido que cuesta tanto dar con ella?). Generan buen ambiente laboral, practican el hábito de sonreír y, por supuesto, no realizan distinciones en el trato. Son respetuosos.

Por supuesto que habrá muchas más. ¿Me ayudáis? Estaré encantado de leer vuestros comentarios. ¿No creéis que aquellas y aquellos que estén en posesión de las actitudes adecuadas -también de las aptitudes- tendrán más opciones de “elegir” dónde quieren trabajar? Por el contrario, los que carezcan de ellas ¿tendrán que ejercer de meros observadores?, ¿tendrán escaso poder de decisión sobre su devenir laboral? ¿Serán las actitudes una causa más de polarización de la sociedad? La transformación, el cambio, ya están aquí. ¿Podemos ralentizarlo? O, por el contrario ¿tendremos que ser capaces de “subirnos a un tren” que ya está en marcha? ¿La mejora de las habilidades y actitudes, de cara a adaptarnos al mercado laboral actual -y futuro- no será una constante a tener en cuenta? ¿No estará la empleabilidad cada vez más ligada a la capacidad de aprender -y de ponerlo en práctica-, que a lo que ya se sabe? ¿Será, también, cuestión de actitud?

Al hilo de lo anterior, y en estos tiempos tan esclavos del tener en detrimento del ser, soy más que feliz. Tengo todo lo que necesito: luz, agua, una ducha caliente, una copa de vino, una cerveza fría, todo tipo de artefactos digitales que se enchufan, internet, comida en abundancia … y, algo que tendemos a olvidar, alguien con quien compartirlo. Tengo familia – a pesar de que algunos ya se han ido: esto va por ti Rosa donde quiera que estés-, algunos amigos …, y he tenido la fortuna de haber nacido, crecido, y pienso envejecer, en esta parte del mundo. No nos olvidemos de que no es más que cuestión de azar y que, una mala mano, me podía haber hecho “caer” en cualquier otro lugar más inhóspito. Si resulta que todo esto es un sueño, espero no despertar nunca del mismo, espero no despertar en un lugar donde las bombas no paran de caer, donde para tener acceso a agua “potable” se han de hacer varios kilómetros, donde la vida carece de valor y, a la vez, es cuestión de precio, donde las comodidades son una utopía …, si todo es un sueño, voy a disfrutarlo con MAYÚSCULAS.

Permitidme que os deje con una canción …

Muchas gracias por leerme, y feliz año nuevo!!!

Photo by Aaron Burden on Unsplash

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