QUIÉN TIENE UN PLAN, TIENE UN TESORO

Si tienes un plan, no te voy a decir que tienes un tesoro, pero cuando menos, estás en mejores condiciones de encaminarte hacia dónde quieres ir.

Quizás te preguntes que para qué sirve tener un plan en tu proceso de desarrollo profesional o en tu camino de búsqueda de empleo (mejor hacer que te encuentren). Quizás hasta conozcas a alguien que, sin tenerlo, ha encontrado un trabajo o, hasta ha llegado profesionalmente casi casi hasta dónde quería. Yo también, para qué voy a negarlo. Sin embargo, no son la regla, más bien todo lo contrario y, nosotros, no queremos basar nuestro proceso (nuestro éxito) en excepciones. Nosotros preferimos basar nuestra labor en una serie de actuaciones y decisiones, perfectamente organizadas, y encaminadas hacia un fin determinado, es decir, nosotros vamos a apostar por un Plan. Son muchos los elementos que caben ser tenidos en cuenta, pero para no excedernos en demasía, bastará con considerar, al menos, los siguientes: objetivo(s), inventario personal, estrategia y visibilidad. Vayamos por partes.

“¿Por favor, podría indicarme qué dirección he de seguir?”

“Eso depende de a dónde quieras ir”

“No me importa el lugar”

“En ese caso, tampoco importa la dirección que tomes”

Lewis Carroll en su libro Alicia en el País de las Maravillas

El primer paso obligado es el de definir nuestro destino. Si no sabemos a dónde queremos ir, como poco podemos acabar en cualquier parte. Dale una vuelta a tu objetivo u objetivos. Puedes ir de arriba abajo: visión, misión y objetivo. Hay quien prefiere hablar de propósitos…, llámalo como quieras, pero atrévete a completar el siguiente enunciado: dentro de 5 años voy a ser un referente (estar posicionado, ser un profesional…) en ………………

Estaría bien que partieras de aquello que sabes hacer, de aquello en lo que ya eres bueno, aquello que se te da bien y, si además te gusta, y se te reconoce ya por ello, mejor que mejor, más sencillo. Quizás te des cuenta de que aquello que ansías no tiene mucho que ver con aquella decisión formativa tomada cuando todavía eras un adolescente. No pasa nada. ¡Quién sabe por qué nos decantamos en su día por una u otra carrera (itinerario, camino formativo, laboral…)! No siempre elegimos aquello que de verdad nos motiva.

El segundo paso está ligado a la realización de un inventario personal, de un autoanálisis, que nos permita recabar información en relación a experiencia, formación, aficiones, intereses, creencias, limitaciones, valores…, en definitiva, se trata de realizar con toda la información una fotografía, lo más ajustada posible, de nuestra situación actual. La famosa matriz DAFO nos serviría para organizar la información, amén de poder visualizar de una forma muy sencilla aquello en lo que soy bueno, y aquellos aspectos en los que tendría que mejorar. En este apartado estaría bien enriquecer la información consultando a nuestro entorno. Elige 10 personas de tu entorno (amigos, compañeros, colaboradores…) y plantéales que, como parte de un proyecto de desarrollo profesional que estás llevando a cabo, necesitarías que te respondiesen a una serie de cuestiones: en qué soy realmente bueno, en qué crees que debería mejorar, dónde me ves trabajando en 5 años, en qué me diferencio … Un formulario del tipo Google forms nos puede servir.

También podemos indagar sobre nuestro perfil público actual. Inserta tu nombre y apellidos, sin comillas, en el buscador de Google, y compara los resultados que obtienes. ¿Coinciden con aquello que quieres que encuentren en relación a tu yo profesional? ¿Cuántas entradas coinciden? Puedes hacer lo mismo con tu profesión. ¿Apareces? ¿Estás entre los primeros? Todo lo anterior nos dará una foto bastante ajustada de nuestra situación actual.

El tercer paso se basa en definir una estrategia. Ya tenemos el objetivo u objetivos, conocemos nuestras fortalezas, limitaciones y el perfil profesional que proyectamos, es el momento de meternos con la estrategia, un término que tiene su origen en el ámbito militar, y cuyo uso ha sido popularizado por Michael Porter. Según él existen, fundamentalmente, tres estrategias válidas: la primera basada en los costes, es decir, por hacer aquello que hacen otros, pero más barato; la segunda, basada en la diferenciación. Descubre cuál es tu diferencia -algunos lo llaman rareza- y aprovéchala. Imagen y valor añadido son conceptos a tener en cuenta en este enfoque. En un mundo, el laboral, en el que muchos hemos estudiado lo mismo, donde nuestros CV’s son muy similares, con propuestas de valor, en ocasiones calcadas…, hemos de echar mano de los llamados intangibles, de aquello que nos hace especiales, que nos diferencia del resto, para tratar de “llevarnos el gato al agua”. Indaga en lo que te diferencia y aprovéchalo. La tercera estrategia que Porter propone como válida es aquella que se basa en la especialización. Frente a formaciones muy generalistas (no voy a negar aquí la pertinencia de contar con un buen bagaje académico y experiencial), habremos de optar por especializarnos (si tienes una buena formación general, si eres polivalente, podrás optar por especializarte con mejores garantías). La idea pasa por poner más de un apellido a tu profesión, o bien por centrarte en un nicho muy concreto. Elige tu especialidad y el mercado al que vas a ofertar tus servicios. Sé bueno en algo. Conviértete en un referente, en alguien de consulta obligada en un tema específico. Luego ya veremos cómo se aterriza esto en actuaciones concretas. No seas un clon. Cada cual habrá de optar por una de ellas, o por una combinación de las tres. Aprovecha las oportunidades del mundo 2.0 y opta por estrategias de “seducción” que laboren en pos de que el empleo te encuentre a ti: produce y comparte información, desarrolla y cuida tu red de contactos, especialízate (conviértete en alguien difícil de reemplazar). No te olvides de gestionar tu Marca (si somos capaces de enfrascarnos en procesos, en ocasiones farragosos, para preparar nuestras vacaciones, ¿vamos a dejar la gestión de nuestra Marca a otros?).

Y, finalmente, llegamos a la fase de la visibilidad. En este momento y no antes. Hay que “currárselo” primero. ¿Qué tal asistir a eventos, charlas…, de lo tuyo? ¿Cómo están tus perfiles en las redes sociales? ¿Están en perfecto estado de revista? ¿Te animas a dar alguna charla gratuita de lo tuyo? ¿Tienes tarjetas de visita?, (son más económicas de los que se cree. Ayudan a generar recuerdo). ¿Cómo va tu blog? ¿Te animas a escribir, o grabar un vídeo, o un audio, o…, de aquellos temas en los que eres bueno? ¿Cómo está de salud tu red de contactos? Como verás se trata de utilizar los medios que tenemos a nuestro alcance, la mayoría de ellos gratuitos, para decirle al mundo quiénes somos, qué hacemos, qué beneficios somos capaces de aportar…, con la idea de resultar la persona elegida cuando alguien precise de un profesional de nuestro sector.

No te olvides del mensaje. Al posible empleador, colaborador o cliente no le puede quedar ninguna duda en relación a tu propuesta de valor (lo que has hecho + lo que haces + lo que eres capaz de hacer). Prepara un mensaje que te sirva de punto de partida y adáptalo a los distintos entornos: Linkedin (titular, extracto), Twitter (perfil), Blog (sobre mí), Elevator Pitch, etc.

Lo sueños han de aterrizarse, también los sueños profesionales. Y no hay mejor manera de intentarlo que a través de un plan, un plan que te guíe en pos de tus objetivos, un plan en el que queden recogidos todos aquellos elementos que habrán de acompañarte para ir de dónde estás hasta dónde quieres llegar; un plan que habrá de ser evaluado de manera periódica a fin de retocar aquello que no nos esté dando los frutos deseados, un plan que, también, nos arrojará pequeños logros en nuestro tránsito hacia los objetivos más “gordos”. No te olvides de celebrar esos triunfos.

¿Te animas a poner en marcha tu plan? Empieza por algo pequeño, por un paso que no puedas no hacer. Un plan, forzosamente, ha de aterrizar en la acción. ¡Ánimo, da el primer paso!

Como siempre, muchas gracias por leerme!

Artículo publicado inicialmente en La Nueva Ruta del Empleo

Imagen: Unsplash: Curtis MacNewton

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