Carta abierta de un Orientador

Estimado/a  …

Gran parte de mi vida laboral ha estado vinculada al trabajo con personas, primero a través de la Educación Física, entendida como acompañamiento de la persona hacia objetivos ligados a su condición física; en muchos casos bañados por un tinte estético pero, casi siempre, bajo un prisma de salud que, a la postre, ha de ser el “punto gordo” hacia el que transitar; y, desde hace siete años, a través de  mi labor como Orientador Laboral, entendiendo ésta como un acompañamiento a las personas pero, en este caso, hacia sus objetivos laborales; unos objetivos que, en la medida de lo posible, convendría alinear con sus metas personales; todo ello dentro de un proyecto personal/profesional vivo, que se sienta como propio, en el que se encuentren a gusto, un proyecto flexible, abierto al cambio, más si cabe en el entorno VUCA en el que nos ha tocado vivir. También he transitado por otros caminos y, cómo no, he pasado por varios periodos de desempleo. No creo que en mi caso se pueda hablar de reinvención como tal, puesto que algunas de las bases que tienen que ver con un plan de mejora de la condición física, también están presentes en el desarrollo de una proyecto profesional. En ambos, hay que hacer una valoración/inventario previo, para obtener una foto del momento de partida; hay que marcarse unos objetivos, hay que pergeñar un plan y una estrategia, hay que echar mano de unas herramientas, y hay que ir evaluando el proceso para ver si nos acercamos a nuestras metas o, por el contrario, es necesario retocarlas o matizar el plan y/o las estrategias. Hasta aquí las similitudes.

Photo credit: .victor Casale. via Foter.com / CC BY

Lo que quiero que veas es que, tras un despido, tras plantearte que tu trabajo ya no te llena (despido interior), tras …….. (puedes llenar la línea de puntos con aquella situación o acontecimiento que te haya llevado a replantearte tu situación laboral actual), lo que sí tienes que tener claro es la dirección que quieres llevar, tienes que tener claro que la inmediatez, las prisas, no son buenas compañeras, que el trabajo, trabajo y más trabajo serán tu “pan de cada día”, que el ciclo aprender, desaprender y volver a aprender, se va a repetir muchas veces, que tendrás que volver a confiar en ti, que te puedes equivocar …. y que, en muchas ocasiones, no hay que optar por un cambio o reinvención drástico sino que, más bien, se trata de insistir en aquello que ya haces, en profundizar, en adquirir un grado de competencia tal que, por qué no, acabes por entusiasmarte con el trabajo que ya desempeñas. La elección es tuya. Lo que quiero que sepas es que la tan “cacareada” reinvención, en la mayoría de los casos no es necesaria y, mucho menos, aconsejable.

Una vez dicho lo anterior, yo sé que cuando vienes a verme, en la mayoría de las ocasiones vienes porque te encuentras en una situación de desempleo, en ocasiones, desde hace unos cuantos años, vienes porque crees y sientes que tienes un problema -no seré yo el que te contradiga- y, además, vienes con la intención de que yo te dé una solución, en muchas ocasiones, cualquiera te sirve, porque seamos sinceros, el trabajar de lo que sea continúa siendo válido.

Y, de verdad, sintiéndolo mucho, no voy a poder solventar tu problema, no es esa mi función; ahora bien, voy a tratar de que observes tu situación desde otra perspectiva, a veces tendrás que “retroceder” para ver y valorar el momento en el que te encuentras, de otra manera -si siempre aplicas la misma mirada, muy posiblemente, siempre llegarás a las mismas conclusiones-. Entre tú y yo, si alguna vez te encuentras con alguien que te prometa que te va a solventar tu situación, hazme caso, no te lo creas. ¿Quién va a saber más que tú de tu proyecto personal/profesional?, ¿quién va a saber qué te motiva y qué te frena?, ¿quién va a tener más información de cuáles son tus fuertes?, ¿y de tu trayectoria?, ¿y de aquello que te gustaría hacer o alcanzar?, ¿y de las estrategias que vienes utilizando para mostrar todo lo que vales y puedes ofrecer?…; en definitiva, ¡quién va a saber más sobre tí mismo/a que tú mismo/a!

Ahora bien, lo que sí voy a poder hacer por ti es acompañarte, sin juzgar, sin dar soluciones -y, menos, a corto plazo, o para salir airoso del momento-. También voy a tratar de que veas la situación en la que estás, como ya he mencionado, desde otra perspectiva, a través de otro prisma. Te puedo ayudar a que reflexiones sobre ti, a que aprendas a realizar un inventario personal, a que te animes a establecer objetivos, a que diseñemos de manera conjunta un plan, a ofrecerte distintas alternativas, y a que acordemos la(s) estrategia(s) más adecuada(s).

Para esto necesito que lleguemos a una serie de compromisos, también necesito que respetes las citas, que cumplas con las tareas pactadas en la sesión anterior, que me ayudes a realizar una “foto” del momento en el que te encuentras tras cada sesión, que te reconozcas en aquello que te devuelvo, que me ayudes a redactarlo, que al igual que yo preparo cada sesión, tú has de recoger tus propias impresiones, tus avances, comentarlos… He dicho compromisos y no obligaciones. Has de sentirte libre para, en el momento en el que consideres oportuno, poder “romper” el “pacto”.

También necesito implicación, con un proyecto que es tuyo -no lo olvides-, con un proyecto personal/profesional que, como digo, es sólo tuyo y, además, no puede ser mío, porque me restaría objetividad. Necesito que no me insistas en que lo “viva” como propio.  

Ahora bien, también necesito que sepas que yo trabajo contigo, que mi compromiso y mis planteamientos son para contigo, y que la idea pasa por ofrecerte alternativas para que, poco a poco, vayas siendo cada vez más autónomo/a.

Necesito que sepas que no soy el mejor, quizás ni siquiera el más adecuado, que lo irás viendo, que no se trata de lo que yo haya estudiado, de todos los títulos que tenga que, si me conoces un poco, te darás cuenta de que apuesto más por la sintonía, por que “vibremos” en la misma onda, que no voy a tratar de imponer mi criterio, porque es sólo mío, que existen otras formas de hacer y de “ver” que, quizás, se “adapten” más a ti. No lo dudes, si necesitas cambiar, cambia. Tienes la opción, valora si te compensa trabajar conmigo, sopesa si el compromiso te va a reportar algo más que trabajo y esfuerzo. No fuerces. Esto es muy similar a ligar, si tras un tiempo ves que no funciona, no sigas invirtiendo -gastando- tu preciado tiempo, y tu dinero,  en una relación que no tiene visos de llegar a buen puerto. ¡Hay más Orientadores/as!

Pero lo que sí quiero que entiendas es que, si decides que trabajemos juntos, haré todo lo posible por acompañarte en la definición de tu proyecto personal/profesional, por ayudarte a configurar tu inventario personal: veremos qué has hecho hasta ahora a nivel formativo y laboral, valoraremos el porqué de este camino; redactarás tus logros; pondremos nombre a lo que sabes hacer (competencias, hobbies); repasaremos aquello que puedes hacer (aspectos más ligados a tu personalidad, disponibilidad, habilidades sociales, autoconfianza); pondremos nombre a lo que quieres hacer (motivos, motivaciones, por qués, para qués); identificaremos qué te frena (creencias); y, cómo no, revisaremos tus valores. Tras lo anterior configuraremos un perfil profesional que vamos a enriquecer preguntando a nuestro entorno y, también, valorando lo que la red dice de nosotros. Es el momento de poner nombre a tu objetivo profesional: las posibilidades, como casi siempre, son varias, a saber, fíjate en aquellos que ya han alcanzado lo que tú ansías, o en aquellas empresas por las que “bebes los vientos”, o en aquellos puestos -estaría bien que estuviesen relacionados con tus fuertes- en los que te gustaría trabajar. Las condiciones las pones tú: podemos hablar de visión, misión y luego objetivos. La cantidad de información que quieras manejar, va a depender de ti. Recoge toda la información que puedas y, amplíala, con información de tu sector objetivo; puedes ir de lo macro a lo micro. De nuevo, los límites los pones tú. Hemos llegado al momento de realizar balance, de comparar tu perfil actual con tu perfil objetivo. Este paso nos marcará todo el proceso posterior. A partir de aquí y, en función del resultado, será el momento de pergeñar un itinerario, un itinerario que será el plan de trabajo, perfilaremos una estrategia, descubriremos y daremos brillo a tu propuesta de valor (qué beneficio aportas), pondremos nombre a lo que te diferencia (posicionamiento), fijaremos metas (MARTE) y tareas (sin acción lo que quedan son sueños e ilusiones), trabajaremos tus herramientas de comunicación, también las 2.0, y repasaremos y desarrollaremos tu red de contactos.

Como ves, las decisiones son tuyas, pasan por tu implicación, no porque yo te ofrezca soluciones. Quiero que entiendas que mi tarea va a ser estar a tu lado, que trataré de que recuperes (incrementes) tu motivación, sobre todo si llevas ya un tiempo en desempleo; que mi papel es de facilitador del proceso, que tú eres -y así ha de ser- el verdadero protagonista;  que, seguramente, no tenga respuesta a todas tus dudas; que voy a poner todo mi empeño en que entiendas que el mercado laboral actual está en constante cambio y que, por ende, la forma de buscar empleo, también ha de adaptarse; que, teniendo en cuenta tus objetivos, voy a tratar de que seas consciente de que el camino también es importante; que, con todas las acciones que lleves a cabo, conseguirás algo que, quizás, no estaba entre tus objetivos iniciales: mejorar tu empleabilidad; que habrá algunos factores sobre los que no puedas incidir pero, otros, requerirán que “pongas toda la carne en el asador”; que trataré de que recuperes un argumento más “adaptativo” en relación a la explicación que te das sobre tu situación actual, que nos habrá de servir de trampolín para iniciar el camino; y  que, en definitiva, una vez que sentemos las bases de nuestro compromiso -que primero habrá de ser contigo mismo-, éste habrá de materializarse en actuaciones. Tratemos de ir un poco más allá de las clásicas bases de la orientación laboral (formación, motivación, información y planificación) y, quién sabe, quizás descubramos los beneficios que nos puede reportar la orientación grupal. La decisión, vuelve a ser tuya. Por cierto, el miedo será un “compañero” de fatigas con el que, también, nos tocará lidiar. Atrévete.

Gracias, como siempre, por leerme.

Un abrazo!!!

 

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