¿Y tú, qué te crees?

Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente (Robert Bolt)

Lamentablemente, no es infrecuente el encontrarte con personas que llevan varios años en situación de desempleo, inscritos en el servicio de empleo que les corresponde, que no han tenido oportunidad laboral alguna y, lo que es peor, cuyas creencias en relación a las posibilidades de encontrar un empleo van virando exclusivamente hacia factores externos (suerte, coyuntura económica,…), alejando cualquier tipo de responsabilidad sobre su situación, y con unos hábitos de búsqueda que, cuando menos, han de “refrescarse” y adaptarse a las nuevas exigencias y posibilidades.

“Para qué voy a buscar empleo, total no hay ofertas”. “El que encuentra un trabajo es porque cuenta con un enchufe”. “Haga lo que haga, no tengo nunca suerte”. “Total no sé hacer ni un currículum, como para que me llamen a una entrevista”. “Yo de internet sé más bien poco; a mí lo que me gusta es recorrer las empresas”. Éstas y otras, son frases con las que nos podemos topar en nuestro día a día y en las que, sin entrar en  profundidad, se atisba una escasa confianza en las posibilidades propias, para ponerse a buscar empleo.

De manera general y, teniendo en cuenta exclusivamente las creencias, si creo que cuento con las capacidades necesarias para llevar a cabo un proceso de búsqueda de empleo, si asumo mi responsabilidad en el mismo, y no deposito el resultado final (empleo) exclusivamente en factores externos, estaré en mejores condiciones de afrontar un proceso de búsqueda de empleo y, por tanto, de encontrar un empleo.

 

Dicho lo anterior, y antes de centrarnos en las creencias, “abramos un poco el angular” para ver qué otros factores están implicados en el nivel de empleabilidad: si nos fijamos en la persona desempleada y en los factores que le facilitan o dificultan el acceso a un  empleo, lo más acertado pasa por tener en cuenta tanto características de la persona (competencias -básicas, transversales y técnicas-, estilo atribucional, valores, edad, valor del trabajo, sexo, tiempo en desempleo, pertenencia a determinado grupo social, disponibilidad, conocimientos, experiencia, etc.) como características del entorno (“momento” económico, “momento” político, redes de apoyo, industria, mercado de trabajo, tasa de desempleo, etc.). Por ende, una intervención encaminada a mejorar las posibilidades de un persona de acceder a un empleo, puede centrarse en incidir, por una parte,  en factores competenciales y, por otra, en aquellos aspectos ligados al entorno en el que hemos crecido, al proceso de socialización en el que nos hemos visto envueltos, como son las expectativas y los condicionantes sociofamiliares (aspectos psicosociales).

Centrándonos un poco más en estos últimos,  la mayoría de los autores, entre ellos Montilla, S. en “Factores que incrementan la ocupabilidad de las personas que demandan empleo. Los factores psicosociales en la inserción laboral”, concluyen que los factores psicosociales que favorecen el nivel de empleabilidad de las personas en desempleo son: alto valor del trabajo y sin limitaciones de tipo familiar o personal (condicionantes sociofamiliares); adecuadas expectativas (éxito, autoeficacia y locus de control); conocer lo que implica un proceso de búsqueda activa de empleo y su puesta en práctica; y autoconcepto personal y profesional positivo hacia el desempeño laboral.

Aunando lo dicho hasta aquí, vamos a centrarnos en las expectativas, que no son más que creencias sobre lo que ocurrirá en el futuro; creencias que influyen enormemente en la motivación de las personas en desempleo -y no siempre de manera positiva-, y, por tanto, tienen una incidencia muy importante tanto en las conductas de búsqueda de empleo como en los sentimientos que rodean el proceso (somos un todo: pensamientos, sentimientos y conductas; la modificación de cualquiera de estos tres elementos, también incidirá en los otros dos). Creencias sobre las posibilidades de lograr un empleo, de manera global y sin atender a las conductas (éxito); creencias sobre si cuento o no con las capacidades necesarias para poner en práctica un itinerario de inserción (autoeficacia); creencias en relación a si los resultados que persigo (lograr un empleo, cambiar de profesión,…) dependen o no de mis conductas (locus de control).

“Para qué trabajar, total el trabajo sólo aporta dinero”. “Unos nacen con estrella y, otros, estrellados”. “No tengo suerte, porque si tuviera un pelín más, ya lo habría encontrado”. “Nadie me llama porque no soy bueno en lo mío”. “Cómo voy a dejar mi currículo en una empresa que no ha sacado oferta alguna”. “No valgo para trabajar”. “No voy a saber enfrentarme a un proceso de búsqueda de empleo”. “Suelo buscar empleo cuando tengo ganas”. “Especializarse es perder oportunidades”. “Las recomendaciones son importantes, pero yo no puedo conseguirlas”.

Éstas y otras frases por el estilo, van conformando un entramado de creencias -la mayoría de ellas negativas- que aparte de frenar nuestro proceso de búsqueda de empleo, y de servirnos como excusa para no “aprovechar” la situación de desempleo para, por ejemplo, formarnos en nuevas tecnologías, apostar por ese inglés que tenemos más que oxidado, obtener de una vez por todas el carnet de conducir, carretilla elevadora…, también nos eximen de cualquier tipo de responsabilidad en relación a la situación por la que estamos pasando y, por supuesto, evitan “que cojamos el toro por los cuernos”. Pero tengo malas noticias para aquellos que se han parapetado tras una o varias de estas afirmaciones, ya que, la mayoría, por no decir todas, se pueden confrontar y contrarrestar con afirmaciones y argumentos racionales y demostrables.

Tal y como afirman Piqueras, R. Rodríguez, A; y Rueda, C; en “Expectativas y duración del desempleo” (Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones) “las personas que muestran unas altas expectativas de control percibido en búsqueda de empleo, sobre todo cuando se sienten convencidas de que encontrarán trabajo pronto, reducen sensiblemente sus probabilidades de permanencia en el paro”. En este sentido “son las expectativas de éxito, las que definen mejor el optimismo hacia la consecución del empleo”.

La idea ha de  pasar por trabajar las creencias, más bien, el cambio de aquellas que se encuentran “desajustadas” de manera que, partiendo de la realidad y de las capacidades que tiene cada persona en desempleo -que las tiene, y las ha de sentir como propias, las ha de potenciar y poner en valor, ha de creerse que cuenta con ellas-, y contando con los objetivos personales (metas), tratar de ir alcanzado hitos intermedios que les acerquen al “punto gordo” (empleo, mejora profesional,…), tratar de que las personas en desempleo, a pesar de algún que otro fracaso,  vayan labrándose un proceso de experiencias de éxito, en definitiva, vayan sintiéndose protagonistas, más equipados, flexibles, con una capacidad de adaptación renovada, con objetivos propios y más realistas, con unos argumentos y creencias más ajustados a la realidad, sintiéndose responsables, con más y mejores herramientas para la búsqueda, valorando el hecho de contar con un empleo, protagonistas de su propio proceso de búsqueda e inserción laboral.

El contar con unas creencias adecuadas, con un diálogo interno sano (que no es lo mismo que creer que el universo, si de verdad lo crees, te acercará a dónde quieres estar, sin más, sin mover un dedo, desde el sofá de tu casa), el darle la vuelta a ese casi 80% de pensamientos negativos con los que nos “flagelamos” a diario (de los 70.000 que pasan por nuestra cabeza cada 24 horas), es un  aspecto más a tener en cuenta en tu proceso de desarrollo profesional. Si a esto le unimos, el continuar formándonos, el tener claros nuestros motivos (no es lo mismo que tener motivación anímica), el mostrar claramente qué hacemos (nada que ver con nuestra etiqueta en forma de título), el pasar a la acción (cuidado con la inacción por miedo al cambio, por exceso de perfección, por…), haz que las cosas sucedan, no esperes a que pasen, el tener claros nuestros objetivos, estrategia y plan, el valor de nuestra propuesta (¿qué resuelve?, ¿a quién?, ¿es diferente?, ¿por qué?) -lo guay sería encontrar el punto común entre lo que tú haces diferente y lo que tu cliente necesita, es decir, has de encontrar a alguien que te pague por lo ofreces. Anticípate, revisa el futuro de tu sector-, el retomar rutinas (nada de actuaciones esporádicas y sin un fin  determinado),  el tener dejar una Marca Personal bien delimitada con un mensaje claro de quiénes somos, qué hacemos y qué aportamos; y nos damos a conocer, de manera adecuada sólo tras haber trabajado todo lo anterior (mostrando nuestro “mejor” lado, tratando de “esconder” lo que no nos favorece tanto), estaremos en mejores condiciones de llevar nuestro proyecto a buen puerto.

¿Te animas a cuestionar tu sistema de creencias? Te dejo con un enlace a la web de empleo de la Diputación de Córdoba Puntos de empleopara que comiences a combatir tus creencias erróneas.

Además de cuestionar tus creencias, no te olvides de atreverte: te dejo con un vídeo de las tiendas  Saga Falabella 

Post publicado originalmente en La Nueva Ruta del Empleo

Imagen: Pixabay (johnhain)

4 pensamientos en “¿Y tú, qué te crees?

  1. Pingback: ¡PREFIERO UNA NEGATIVA, O MÁS, A UN SILENCIO! |

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.