ANÍMATE A PONER NOMBRE A TU PROYECTO PROFESIONAL

Si tenemos la intención de ir más allá del “trabajar de lo que sea”, aun siendo conscientes de la necesidad de pagar un cierto peaje desempeñando labores que no tienen nada que ver con nuestro objetivo profesional (hay que seguir pagando facturas), estaría bien que, pertrechados de lápiz y papel, nos “embarcásemos” en el diseño de nuestro proyecto profesional. Un proyecto que, como vamos a ir viendo, lejos de ser algo rígido e inamovible, ha de caracterizarse por ayudarnos a trazar un camino -de donde estamos a donde queremos llegar a estar-, por desvelar todos aquellos ingredientes de los que estamos “hechos” –autoconocimiento– y que, agrupados de una determinada manera, arrojarán nuestra propuesta de valor; por conocer nuestro entorno -análisis, en profundidad, del mercado laboral– para, finalmente, apostar por un objetivo(s) concreto(s) y poner en marcha nuestra “estrategia” de visibilidad, que nos permitirá comunicar al mundo quiénes somos, qué hacemos, para quién lo hacemos, qué resolvemos, qué ganan con nosotros, qué nos diferencia, sin perder de vista cómo lo comunicamos (emoción) y dónde lo hacemos (canales).

Distractores seguro que habrá muchos, para qué lo vamos a negar. El poner en marcha un proyecto profesional que nos lleve a donde queremos llegar: ser un referente en…, trabajar en…, ser más empleable…, cada cual tendrá sus aspiraciones, sueños,… (como le queramos llamar), como digo, se topará con una serie de inconvenientes, de obstáculos en el camino, que habremos de ir sorteando y, para lo cual, el tener un objetivo claramente definido (también contar con alguna alternativa), nos servirá de guía, de faro, en nuestro proceso.

Al principio, quizás nos asalten un montón de dudas en forma de planteamientos del tipo ¿quién me creo que soy?, ¿a dónde voy a ir yo?, “destacar está muy mal visto”…, planteamientos muy influenciados por nuestras creencias (a las que habrá que hacer frente con determinación, tratando de investigar sus causas y fundamentos para,  en la medida de lo posible, darles la vuelta, derrotarlas o, simplemente, aceptarlas y superarlas), y por limitaciones que, en la mayoría de los casos, no tienen nada que ver con la falta de talento, con no tener algo para ofrecer (producto) sino, más bien, con una cierta falta de actitud, de pereza, ante la idea de plantearnos el diseño de nuestro proyecto profesional, un proyecto que, como veremos, habrá de contar con un  ingrediente fundamental: trabajo.

Fuente: unsplash.com (Denise Chan)

 

Autoconocimiento: ésta es la primera fase, el primer gran apartado, de cualquier proyecto, bien sea de desarrollo profesional, de gestión de marca personal…, una primera fase, en la que podemos echar mano de cuestiones tales como:

  • Qué he hecho hasta ahora: experiencia laboral (con o sin contrato); puestos, sector, tareas, nombre de las empresas, logros, ¿me han servido de algo las experiencias?, ¿he desarrollado una red de contactos sólida?, ¿qué competencias he adquirido/desarrollado? (valoración), cómo encontraste el empleo, cómo lo buscas habitualmente, fechas de inicio y fin, motivos, referencias (¿alguien las puede dar?). Experiencia formativa: formación reglada, no reglada, institución, horas, fechas, logros obtenidos, ¿qué aprendiste?, competencias, idiomas, tic’s… Aspectos complementarios: ¿por qué esta trayectoria?, ¿podía haber tomado otra?, ¿qué o quién y por qué me influyó?, ¿estoy contento con lo que hago?, ¿me gustaría hacer otra cosa?, ¿quiero cambiar?, ¿por qué?, ¿para qué?
  • Qué sé hacer: competencias (catálogo del Incual), soft skills, conocimientos, habilidades, destrezas, capacidades, aptitudes…
  • Qué puedo hacer: en función de cómo soy, de las habilidades que tengo, características de mi personalidad, habilidades personales, habilidades sociales (test), talentos naturales, actitudes, disponibilidad (para cambiar de empleo, para buscar, económica, condiciones que aceptaría -salario, horario, ubicación-)…
  • Qué quiero hacer: intereses, motivaciones (test), motivos, por qués, para qués. En momentos de “flojera”, de duda, nos ayudarán a continuar.
  • Qué me frena: creencias limitantes. Como ya he mencionado, aquello que nos frena, la mayoría de las veces, procede de nuestro interior. Se trata de identificarlo, contrastar sus cimientos y hacerle frente, de manera que, si no podemos apoyarnos en ello para avanzar, al menos que no nos frene.
  • Cuáles son mis valores: por dónde no estoy dispuesto a pasar, cuáles son los valores más importantes en mi vida, qué es lo que de verdad me importa… Nos servirán de guía. Si, por ejemplo, para mí lo más importante es la familia y pasar ratos con ella, y dentro de mis funciones laborales está el tener que viajar con frecuencia y pasar temporadas fuera de casa, quizás tenga que decantarme por otro entorno o empresa donde no se me exija viajar con frecuencia.

Perfil profesional: tras haber realizado el inventario anterior, se trataría de ir perfilando un perfil profesional, es decir, una primera propuesta de oferta. Habremos de sintetizar la fase de autoconocimiento tratando de responder a cuestiones tipo: ¿en qué destaco?, ¿qué se me da especialmente bien?, ¿por qué soy reconocido?, ¿en qué soy diferente? Tras haber respondido a lo anterior, puedo trasladar las mismas cuestiones a mi entorno, a personas que me conozcan, puedo elegir un familiar, un amigo, compañero de trabajo…, han de conocerme a fin de poder responder de la mejor manera posible. Tras recoger la información propia y la del entorno, diseñaré una primera propuesta de perfil, de producto, iré perfilando mi objetivo profesional.

Mercado laboral: podemos ir de fuera a dentro, es decir, entorno socioeconómico, económico y ocupación diana. Tendencia general del mercado, variables económicas, socioculturales, demográficas… Variables que caracterizan nuestro sector o ámbito de interés (crece, decrece, oportunidades futuras, perfiles más demandados… Ocupación deseada (requisitos laborales y formativos, funciones, condiciones, tendencia…). Podremos servirnos de informes del mercado de trabajo, prensa especializada, internet, red de contactos, análisis de ofertas de empleo… Existen un sinfín de recursos que nos pueden aportar información en relación a nuestros intereses profesionales. Otra opción pasa por identificar a aquellas personas que tú consideres referentes en tu sector, aquellas personas a las que te gustaría emular: quiénes son, qué hacen, qué ofrecen, qué necesidades solventan, cuál es su propuesta, y su mensaje, ¿podrías tener cabida?, ¿existen necesidades que no cubren?, ¿existe suficiente demanda?

Balance: ha llegado el momento de valorar cómo encaja mi propuesta en las necesidades del mercado. Qué recorrido puede tener mi oferta en el entorno laboral que me rodea. Se trata de poner sobre la mesa mis fortalezas y debilidades en relación a las amenazas y oportunidades del mercado. Para esto lo más sencillo es echar mano de un DAFO, de manera que, siempre en relación al objetivo que nos hayamos marcado, podamos poner sobre la mesa aspectos relativos a:

  • Fortalezas: he realizado un inventario amplísimo, por lo que no me costará elegir aquellos aspectos que me hacen sobresalir en relación a mi objetivo. Experiencia, formación, competencias, motivación…, suelen ser aspectos relevantes en este apartado.
  • Debilidades: aspectos que, en relación al objetivo elegido, habré de tratar de mejorar a fin de contar con más opciones. Intereses o motivaciones no vinculados al objetivo, competencias específicas poco desarrolladas, idiomas, tic’s… Me gustaría remarcar aquí la importancia que han adquirido las competencias llamadas transversales; aquellas que, aunque la tendencia hacia la que hemos de encaminarnos está más relacionada con especializarnos, con buscar nuestro nicho, nuestro trozo del pastel en relación al mercado laboral, nos van a permitir movernos de un desempeño a otro, de un puesto a otro, es decir, son las que nos permiten realmente adquirir cierta movilidad ya que están presentes entre las demandas de la mayoría de los puestos de nuestro entorno.
  • Oportunidades: elementos del entorno que nos pueden beneficiar en nuestro camino laboral. Incentivos del entorno, bonificaciones a determinados colectivos, tramos de edad… previsión de inversiones en aquello a lo que te quieres dedicar. Nuevos segmentos del mercado, clientes mal atendidos, insatisfechos, cambios de legislación…
  • Amenazas: aquellos elementos del entorno que perjudican nuestras aspiraciones. Sueldos por debajo de mis expectativas, crisis en lo mío, edad (soy mayor o joven en relación a las demandas de mi profesión), excesiva competencia, tasa de desempleo en mi sector, profesionales más preparados que yo…

Para los cuatro apartados anteriores se puede volver a solicitar feed back a nuestro entorno, sobre todo en relación a las fortalezas y debilidades. Quizás nos devuelvan alguna que se nos ha pasado por alto. Un formulario tipo google forms nos puede servir para recoger la información.

Estrategia: en función del resultado del apartado anterior, encaje de mi propuesta en el mercado laboral, podemos optar por la estrategia de afrontamiento más adecuada.

  • Predominan fortalezas y oportunidades. Buenas condiciones para alcanzar tu objetivo. Tu perfil tiene salidas en el entorno en el que quieres trabajar. Aprovecha las oportunidades.
  • Predominan fortalezas y amenazas. Apóyate en tus fortalezas y prepárate para enfrentarte a las posibles amenazas.
  • Reorientación. Predominan debilidades y oportunidades. Existen opciones, pero tu perfil aún no es el más adecuado. Formación, mejora de competencias…, podrían estar entre las soluciones.
  • Predominancia de debilidades y amenazas. La idea puede pasar por encaminarte hacia otro objetivo, quizás por superar objetivos más asequibles. Fortalecer tu perfil para, en un futuro, volver a “lanzarte” sobre tu objetivo.
  • Marca personal. Utilizar una estrategia basada en la gestión consciente de tu marca personal, con el ánimo de diferenciarnos del resto de candidatos. Es decir, descubrir en qué eres realmente bueno y aprender a comunicarlo, tiene más que ver con opciones de atracción, “seducción”, y no tanto de búsqueda de empleo tipo empuje. Aprovechando todo el trabajo realizado en la fase de autoconocimiento y en la de definición de objetivos, se trataría de acotar aquello que voy a ofrecer, mi producto. Todos tenemos algo que aportar, la clave pasa por identificarlo. Hay que recordar que lo que ofrezco no es sólo el título universitario. Se trata de poner en valor mi oferta y de encontrar la manera en que puedo ser útil a mi entorno. Definir clientes, colaboradores, competencia es vital en nuestro proceso. Descubrir cómo “nos vamos a ofertar”, es decir, comunicar al cliente qué necesidad/problema le voy a solventar (propuesta de valor). Cómo me voy a diferenciar (posicionamiento). Voy a ser la opción más barata, la más cercana, la que puede ofrecer una respuesta casi inmediata, individualizada… No debemos olvidar la pertinencia de generar confianza, es decir, se trata de conectar, de llegar a las personas (clientes), provocar que se hable bien de nosotros. Cómo voy a comunicar todo lo anterior. Es el momento de la visibilidad propiamente dicho. Canales off line y on line. Esta fase, como se puede ver, está en último lugar, es decir, no hay que comenzar por aquí. Valorar qué recursos son los que mejor se adaptan tanto a mi oferta como a mis posibles clientes. Dar pequeñas muestras de mi saber (demostrar). Participar de manera voluntaria a través de charlas, vídeos…, propiciar que se nos vaya conociendo. Se trata de provocar que los demás hablen de nosotros, que los demás nos recomienden, que los demás piensen en nosotros cuando precisen un profesional de “lo nuestro”, en definitiva, de resultar la opción elegida (hay que monetizar nuestro trabajo). No olvidar el mensaje, ha de estar bien definido quién soy, qué hago, qué aporto/resuelvo, a quién. Un mensaje que habrá de adaptarse a cada medio (cuidado con priorizar el medio sobre el mensaje). Un mensaje que habrá de generar recuerdo. Podemos volver a echar mano de nuestro entorno para ver si se entiende y el grado de recuerdo que logramos.

Para finalizar, recordar que, cualquier proceso de desarrollo profesional, de Personal Branding, ha de realizarse de dentro hacia afuera, es decir, ha de tener en cuenta, al menos, las siguientes fases: autoconocimiento (introspección), estrategia (definición de objetivos, focalización) y visibilidad (comunicación); ha de basarse en trabajo, trabajo y más trabajo, ha de huir de las prisas, de la fama y del caer bien a todo el mundo. Un proyecto de este calibre lleva tiempo y dedicación. Valora si lo puedes hacer sólo, de lo contrario, déjate acompañar. Y, por favor, en lugar de buscar empleo, dedícate a aquello que sabes hacer “mejor que nadie”, y el trabajo te irá llegando poco a poco a ti.

Te dejo con un vídeo de  Fabián González (@Fabiangonzalezh) en el que, en apenas tres minutos, te va a hacer reflexionar en torno al concepto de Marca.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.