Personal Branding: Autoconocimiento

Quizás, antes de meternos de lleno con el proceso, convenga recordar algunos conceptos básicos relativos a la Marca Personal y al Personal Branding, que nos servirán de base sobre la que ir edificando nuestro propio proceso de diferenciación, un proceso encaminado a que nos conozcan, a posicionarnos y, finalmente, a que resultemos elegidos cuando se busque un profesional en nuestro ámbito.

Vale y ¿cuáles podrían ser los ingredientes de un proceso de Branding?

        Antes de comenzar conviene dejar claro, que el proceso de branding no es un camino sencillo, más bien todo lo contrario, que hay que estar dispuestos a invertir tiempo pero que, el resultado final –el posicionamiento de nuestra MARCA en la mente de otros- merece la pena. Además, el limitarnos a ser “huéspedes”  de nuestra marca –sin “compartirla”-, sin alojarla en otros, sin provocar que nos recuerden, no sirve de nada. Pero, mucho cuidado, ya que el entorno digital actual nos sirve como herramienta fantástica de cara a dar visibilidad, a comunicar,…, nuestra marca pero, todo esto, ha de asentarse sobre un bloque de trabajo, trabajo, y más trabajo;  un trabajo de autoconocimiento -más bien de autoanálisis- en el que valoremos, entre otros aspectos, creencias, actitudes, límites, motivaciones, para qués, competencias, habilidades, talentos,…., donde la consulta a nuestro entorno nos aportará una información nada desdeñable que enriquecerá el análisis, donde los hobbies, aquello que se  nos da bien, lo que nos gusta, también tienen un papel importantísimo. La siguiente fase la podríamos denominar como de definición de objetivos, una fase que podría comenzar con un sueño, es decir, estableciendo nuestra visión -sueña, déjate fluir, imagina que te ha tocado la lotería, qué harías-, una visión que, como gran faro, nos alumbrará el camino para, continuar definiendo nuestra misión, nuestros objetivos y aquellos límites que no estamos dispuestos a “saltarnos” -nuestros valores-.  Un tercer gran apartado estaría encaminado a trazar -e implementar- una estrategia que nos acerque a nuestros objetivos, -cuidado con pretender ser “olímpicos” antes de haber podido correr 5’ sin desfallecer-. Se trata de poner en marcha  un plan de actuación -que se va a apoyar en todo el trabajo de la fase de autoconocimiento y de definición de objetivos-, y que, bajo el “paraguas” de la estrategia va a tratar de abordar una serie de conceptos vitales en todo proceso de personal branding: propuesta de valor, producto, posicionamiento, mensaje y personas. Para concluir, y sólo al final del proceso de branding, haciendo difusión de nuestra marca -es el momento de la visibilidad-. Por eso, como decía, cuidado con “exponerse”, con saltar al ruedo digital -también al off line- sin contar con una base sólida, cuidado con asomarte al mercado sin contenido, contando sólo con la voz, careciendo de mensaje,…, porque el resultado puede que nos aleje del lugar al que queremos llegar -si es que tenemos la intención de llegar a alguna parte-.

Llegados a este punto quizás te estés cuestionando qué tiene todo esto que ver conmigo, si sólo soy un desempleado que quiere volver a entrar en la rueda del mercado laboral, si yo no quiero indagar en  mí mismo, si no me importa lo que los demás tengan a bien opinar sobre mí, si sólo quiero ser un asalariado más, si mi profesión -tal o cual- no tiene nada que ver con marcas ni este tipo de historias -aquí hasta igual estoy de acuerdo en que para determinadas profesiones, el proceso resulta demasiado laborioso, y los resultados no nos van a compensar en demasía-, si yo ya cuento con un empleo en el que llevo más de 20 años y en el que pienso continuar,… Pues bien, argumentos en favor de trabajar la propia marca -la marca personal-, -la que ya tienes aunque no te lo creas- , existen muchos, veamos sólo algunos de ellos:

  • Estamos ante un cambio de paradigma -plenamente inmersos en él-; nos movemos en la sociedad del conocimiento.
  • La tendencia es al trabajo por proyectos. Cada nuevo proyecto provocará que consulten el estado de salud de nuestra marca.
  • Si no te gestionas tú, alguien se hará cargo de tu marca. Quizás no vaya en la dirección en la que tú desearías.
  • Si queremos acortar los plazos entre trabajo y trabajo -proyecto y proyecto- conviene tener una marca trabajada y posicionada -no hace falta ser de los primeros (sería guay)-, estaría bien que tu nombre se asociase con un servicio -de calidad, con un buen soporte de valores-, con una necesidad a cubrir, en la que tú aportes tu forma de hacer, un plus, tu forma de estar, tu diferencia.
  • Además de otros canales, también te van a buscar -y es mejor que te encuentren, pero no de cualquier manera- a través de internet. Es la primera entrevista de trabajo, sin que ni siquiera te hayas enterado.

Si realmente quieres iniciar un proceso de branding, permíteme sugerirte una serie de recursos, con los que informarte, aprender y, por supuesto, avanzar.

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     De alguna manera se trata, como para casi todo en la vida, de establecer -e implementar- un plan -aquí se va a notar un poco mi deformación profesional en el ámbito de la actividad  física que, al igual que ante cualquier reto de índole deportivo, dieta -llámese X-, estaría bien que tuviese en cuenta una serie de pasos ordenados y  encaminados a lograr nuestros propósitos -correr una maratón, un 3.000, o bajar 5 kilos-: tendremos que saber de dónde partimos, realizar un análisis de la situación en la que nos encontramos, del punto de salida -no es lo mismo ser un corredor ocasional que alguien aficionado que sale 3 ó 4 días por semana-, de nuestra condición física, hábitos, tiempo disponible,…; continuaremos con un diagnóstico, en función de las pruebas de baremación utilizadas, que nos posicionará a una determinada distancia de nuestros objetivos -si soy capaz de correr el kilómetro a 4,30 y mi objetivo pasa por hacerlo a 4, ya contaré con una idea general del desfase entre la situación actual y la deseada-; decidiremos un plan y una estrategia -en función de las metas que nos vayamos marcando, siguiendo con el ejemplo bajar a 4,15 en tres meses para, al final de medio año, ya poder trotar a 4, tendremos que decidir cómo lo vamos a hacer, si vamos a utilizar sólo carrera continua, si usamos algún Fartlek, si echamos mano de series, si lo combinamos con trabajo de tonificación, quizás algo de técnica de carrera, algún suplemento,…(¡me estoy yendo!), en definitiva es el momento del qué y el cómo; evidentemente y, como no podía ser de otra manera, ha llegado el momento de poner en práctica todo lo previsto en los pasos anteriores -aquí hay que colocarse las zapatillas y comenzar a correr, un paso tras otro, un día tras otro- a fin de ir alcanzado los objetivos o metas que nos hayamos planteado; finalmente, hay que evaluar -y en su caso, realizar pequeños ajustes- todo aquello que vayamos logrando, para valorar si vamos por el camino adecuado, para corregir pequeños -o grandes- desvíos,… Y, si queremos mantener lo alcanzado -ya somos capaces de correr a 4’ el km.- tendremos que continuar trabajando -corriendo-, tanto tiempo como nos queramos mantener en ese nivel. Te cuento un secreto: en lo que a Marca Personal hace referencia, esta fase, la del mantenimiento de nuestro proyecto personal/profesional,  no se acaba “nunca”.

Si nos salimos del ámbito deportivo -que sólo pretendía servirnos de ejemplo- y nos situamos ante cualquier otro reto, objetivo,…, comentar que, el proceso de branding personal, “sólo” es eso, un proceso, que tiene por objeto acercarte a tu objetivo -conocidos, aparecer como una opción cuando se busque a alguien de nuestro sector (todos tenemos habilidades, atributos, capacidades, competencias, que nos hacen especiales, sólo hay que descubrirlas y presentarlas de tal manera que influyamos en lo que se percibe sobre nosotros)-, un objetivo que, puede partir de una  situación de desempleo, de tránsito entre un empleo y otro, de no encajar bien en el empleo actual o, simplemente, de un planteamiento de mejorar nuestra posición. Que te llevará a trazarte un plan, a realizar una planificación, a marcarte un propósito, unos objetivos intermedios, que comenzará con un análisis de tu situación actual, de los recursos de los que dispones, para continuar con el planteamiento de una estrategia -acciones, herramientas, tiempos- que te acerque a los objetivos más pequeños -parciales-, para continuar con la implementación -el salir a correr de antes-, y con la ejecución, donde empieza la acción. A continuación, tendrás que perfilar un control del proceso a fin de valorar cómo vas, si te alejas del objetivo fijado, si te desvías, si surgen imprevistos, ajustes,…, -sin perder de vista el “punto gordo” (visión y misión, que veremos más adelante)- para, finalmente, llegar a la fase que anteriormente hemos denominado de mantenimiento y que, como también ya se ha avanzado, en un proyecto de Marca Personal puede durar tiempo, “para siempre”,  lo que nos permite “no bajar la guardia”, estar atentos, continuar formándonos -en “fase beta permanente” (lo que hoy es así, mañana será de otra manera, las reglas de juego cambian, evolucionan)-, marcándonos nuevos retos y objetivos, que nos permitan estar lo más cerca posible del propósito que nos habíamos trazado al inicio y que, por qué no, quizás sea ser felices con lo que hacemos, con nuestro trabajo -existen otros, muchos, igual de válidos, cada cual tendrá el suyo o, al menos, le convendría tenerlo, ya que, sin un objetivo hacia el que caminar, el plan, por muy bueno que sea, hasta nos puede haber ayudado un profesional, se desmoronará como un castillo de naipes ante un soplo de aire-.  

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Vamos a entrar, por tanto, en esta primera fase que llamaremos de autoconocimiento, la fase que podríamos “tachar” de más importante, porque implica trabajar con uno mismo, con nuestra persona, con lo que somos, hacemos,… En un proceso de personal branding, tal y como su nombre nos indica, primero es lo “personal y, luego, el “branding”, primero hemos de conocernos para, mas adelante, tratar de dejar marca. Aquí cabe todo aquello que tiene que ver con quién soy, con aquello que me motiva o me empuja. Se trata de descubrir realmente quién eres, al objeto de tener un buen punto de partida. Conocerte mejor te encamina hacia una vida mucho más plena, feliz y consciente. Habitualmente, sólo nos comprometemos a realizar un cambio –somos resistentes al mismo por naturaleza- cuando se produce un momento de crisis, cuando se da un crack –por ejemplo en una situación de desempleo- . Hay que tener en cuenta que estamos inmersos en un cambio de paradigma, nos encontramos en la sociedad del conocimiento, en un momento en el que si tu trabajo no aporta valor al producto final, se puede decir que tu trabajo está en peligro. Además, si la forma en la que habitualmente buscas empleo no te funciona, tendrás que plantearte por qué. Como ya avanzaba, estamos ante un cambio de paradigma, el empleado de hoy, estará en búsqueda de empleo mañana, el trabajo tiende a ser cada vez más por proyectos, por lo que, aquellos que sigan pensando en el trabajo para toda la vida, han de empezar a plantearse que también a ellos les puede pasar, también ellos se pueden quedar en desempleo, es decir, el ir labrándote una marca te situará en una mejor disposición para ir encadenando empleos.

“En la economía del conocimiento sólo tienen éxito quienes se conocen a sí mismos: sus puntos fuertes, sus valores y cómo lograr sus mejores resultados”                                                                                            (Peter Drucker)

Vamos a ello, a tratar de conocernos un poco mejor, se trata de adquirir el hábito continuo de autoconocernos, de darnos cuenta, de tomar conciencia, de buscar las respuestas en nuestro interior –los seres humanos somos muy dados a buscar fuera, en el entorno, en los demás-. Tengo que darme cuenta de lo que soy capaz –y de lo que no- , qué puedo hacer, es el momento de empezar a creer en nosotros mismos ya que, en determinadas circunstancias y ante entornos hostiles, serás tú quien bregues para alcanzar tus objetivos.

Cuidado con lo que crees –lo que crees lo acabas creando-, sobre todo con ese tipo de creencias negativas, limitantes, que no te permiten avanzar. Si creemos algo, tanto para bien como para mal, encontraremos –en nosotros- argumentos que nos refuercen en esas afirmaciones. Hemos de apuntar hacia nuestro foco, nuestra visión, pero comenzando por los objetivos pequeños, a fin de ir cumpliéndolos. A veces, nos descartamos a las primeras de cambio: conozco a una persona muy cercana que, casi desde que la conozco, siempre ha afirmado que todo lo que tenga que ver con los trabajos manuales, no iba con ella. ¡Eso no se me da bien!, ¿para qué intentarlo?, ¡me costaría demasiado aprenderlo!, ¡no merece la pena, nunca lo lograré!,…, han sido expresiones –y creencias- habituales en ella hasta que, un buen día, comenzó a asistir a un taller de reparación de  pequeños electrodomésticos. Los comienzos no fueron fáciles pero, poco a poco, cable a cable, tuerca a tuerca, reparación a reparación, esa creencia negativa inicial ha ido deviniendo en otra completamente distinta de verse, saberse y sentirse capaz de “meter mano” a muchos de los “cachivaches” que habitualmente nos rodean,  y que tienen la fea costumbre de ponerse de acuerdo a la hora de estropearse.

Hay que tener en cuenta que una tarea, repetida durante 21 días, es capaz de dar lugar a un hábito. Pues bien, en esa tarea confluyen conocimientos, habilidades y actitudes o, lo que es lo mismo, qué hacer, cómo lo hago y querer hacerlo; y que, conocimiento y habilidad, sólo representan el 15% de la ecuación mientras que, el otro 85%, depende de TU ACTITUD. Se trata, por decirlo de alguna manera, de crear una especie de “nuevo cableado” en nuestra mente, de generar nuevos hábitos -cuidado porque los viejos no se olvidan, más bien se recuerdan con facilidad en cuanto surge el estímulo-, nuevos hábitos que habrán de asentarse sobre ese conocimiento en relación a nosotros, a quién somos, a qué queremos, a qué se nos da bien, a qué nos apasiona, a cuáles son nuestros valores, competencias, atributos,…

Fundamentalmente, se trata de realizar un autoanálisis basado en cómo nos vemos, en cómo nos ven los demás -es indispensable conocer la opinión de quienes nos rodean para saber qué percepción tienen sobre nosotros-, de valorar las diferencias entre la percepción propia y la de los demás, de valorar nuestras competencias y las de aquellos a quienes nos gustaría parecernos, de ver sus cualidades -que nos servirán de guía, de referencia-, de echar un vistazo a nuestros valores -volveremos sobre ellos más adelante- como aspectos inalterables -o no-, que tienen una importancia vital en nuestra marca y, de aquellas cualidades que los que tenemos cerca -o no tan cerca, aunque han de conocernos- destacarían en torno a nosotros, aquellos aspectos que nos caracterizan -cómo nos “venderían” a otros si tuvieran que hablar sobre nosotros-.

En cuanto a las cuestiones a las que estaría bien que respondiésemos, podrían ir en la línea de las siguientes:

  • ¿Quién soy?
  • ¿Cómo me percibo?
  • ¿Cómo me perciben los que me conocen? (inputs que transmito, reputación)
  • ¿De dónde vengo?
  • ¿Cómo he llegado hasta donde estoy en la actualidad?
  • ¿Cuál es el rasgo fundamental de mi personalidad?
  • ¿Conozco mis fortalezas y debilidades?
  • ¿Cuánto sé sobre las oportunidades y amenazas del entorno?
  • ¿Conozco mis gustos?, ¿y mis atributos?, ¿y mis talentos?, ¿habilidades?
  • ¿Qué sé sobre mis valores?, ¿son sólidos, inamovibles?
  • ¿Cuál es mi ámbito de experiencia?, ¿qué posición ocupo?, ¿soy conocido?, ¿me mantengo actualizado?
  • ¿En qué debería mejorar?
  • ¿Conozco mis miedos?
  • ¿Qué sé acerca de mi zona de confort?, ¿estoy dispuesto a salir de ella?, ¿al menos, a ampliarla?

En definitiva, se trata de conocernos, de tener un punto de partida del que comenzar nuestro trayecto -recuerda que el camino ha de llevarte de un punto a otro, por lo que tan importante es conocer el “destino” como el punto de partida, nuestra situación actual-. Es muy importante que este apartado -también los siguientes- no se quede en una mera declaración de intenciones rápida, hay que tratar de plasmarlo por escrito –hay que escribirlo-, esa conexión con nosotros ha de quedar reflejada -tendremos que volver sobre ella en más de una ocasión-.

En cuanto a las herramientas y, teniendo en cuenta las  cuestiones arriba planteadas, existen muchas -y muy variadas-, de las cuales te planteo algunas a continuación:

Matriz DAFO: debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, aquellos aspectos en los que somos buenos, nuestras cualidades, competencias, atributos,…, siguiendo, por ejemplo, la siguiente guía:

  • FORTALEZAS: cuáles son mis puntos fuertes, en qué soy bueno, en qué me diferencio, qué se me da bien, cuáles son mis soportes en cuanto a competencias fuertes, determinada formación, aprendizajes que hayamos realizado, habilidades,…
  • DEBILIDADES: qué necesito mejorar, qué no se me da tan bien, qué me falta, en qué me quedo “descolgado” frente a otros. Si soy pintor y no “controlo” el estucado, estoy perdiendo puntos frente a otros.
  • AMENAZAS: qué obstáculos se atisban, qué hacen los demás (competencia de mi sector), qué aspectos me pueden perjudicar. Por ejemplo, la crisis económica.
  • OPORTUNIDADES: qué nuevos nichos surgen, qué se puede aprovechar, qué tendencias surgen, qué sectores tienen tendencia alcista. En la actualidad y, con el auge de las nuevas tecnologías, todo lo que rodea a las TIC’s y a las RRSS suponen una oportunidad.

Estaría bien recordar que, las Debilidades –de origen interno, las gestiono yo- hay que tratar de Corregirlas; las Amenazas –del entorno, de lo que me rodea, de origen externo- hay que tratar de Afrontarlas; las Fortalezas –de origen interno, las gestiono yo- hay que tratar de Mantenerlas; y las Oportunidades –de origen externo- hay que tratar de Aprovecharlas.

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Como ya he mencionado, existen un sinfín de herramientas que te pueden ayudar en el proceso. Antes de continuar, me gustaría que tuvieras en cuenta que, casi nunca es sencillo realizar un ejercicio de introspección a fin de bucear en nuestro interior y obtener respuestas a las preguntas antes planteadas. En este sentido, no lo dudes y echa mano de las personas que te rodean -es vital saber lo que opinan de nosotros, cómo nos perciben ya que te ayudarán a obtener una visión más realista en relación a tus competencias.

La ventana de Johari (os dejo un enlace al libro de Silvinio José Fritzen, por si queréis profundizar en el tema)

La Ventana de Johari, ideada por los investigadores Joseph Luft y Harry Ingham, presenta un modelo interesante de intercambio de información con los demás, que nos puede servir para profundizar en nuestro autoconocimiento. Johari –palabra creada con las primeras letras de sus autores- es un modelo extremadamente útil para analizar la dinámica de las relaciones interpersonales.

Piensa en el siguiente proverbio árabe: Si un hombre te dice que pareces un camello, no le hagas caso; si te lo dicen dos, mírate a un espejo.

Si estamos dispuestos –que lo estamos- a conocernos un poco mejor, estaría bien que fuésemos conscientes de la imagen que proyectamos en los demás y en nuestro entorno. En este sentido y, como veremos, la herramienta se divide en cuatro áreas que analizan la dinámica de las relaciones interpersonales y que nos ayudan a entender la manera en que procesamos la información -dar y recibir feedback-, y la diferencia que existe entre la percepción que tenemos de nosotros mismos y de los demás. Recuerda que estamos en los inicios de nuestro Plan de Branding, donde nos viene muy bien tener toda la información posible en relación a nuestras conductas, actitudes y pensamientos. Básicamente, el modelo trata de explicar el flujo de comunicación, desde dos puntos de vista: la exposición -cuánto revelamos a los demás- y la retroalimentación -qué recibimos de los otros-, clarificando, de esta manera, la interacción entre los demás y yo –fuentes de emisión-. Esto da lugar a lo que los autores definen como espacio interpersonal, que se divide en las siguientes cuatro áreas y que representan diferentes situaciones relativas al conocimiento de la persona:

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Abierto (público) -conocido por mí y por los otros-: suele incluir lo evidente como el sexo, la raza, las cualidades externas, la manera de llevar a cabo las tareas cotidianas,…, todo aquello que comunicamos sin dificultad a los demás: ideas, opiniones, gustos,… Suele aumentar en la medida en que crece la confianza entre el Yo y el grupo y, también, a medida que se va compartiendo más información.

Secreto (oculto) -conocido por mí pero, no por los otros-: representa todo aquello que yo tengo dificultad para comunicar. Por ejemplo, vivencias, sentimientos, experiencias, opiniones privadas, gustos no conocidos por los demás, etc., que yo no comunico de manera consciente. Lo oculto a los demás por muy diversas razones entre las que, el miedo al rechazo o la manipulación, asoman como posibles.

Ciego –no conocido por mí pero, sí por los otros-: aquello que conforma la impresión que causamos en los demás, y que comunicamos con nuestro modo de ser, de comportarnos, a través de expresiones, gestos, etc. De alguna forma representa nuestras limitaciones –de las que no somos conscientes- que los demás perciben en nuestras interacciones. Evidentemente y, en la medida en que aceptemos la retroalimentación de los demás, podemos arrojar un poco de luz sobre esta área en favor del área abierta.

Subconsciente (desconocido) -no conocido ni por mí ni por los otros-: representa aquellos factores de nuestra personalidad de los que no somos conscientes y que, también, son desconocidos para los demás. Es el área de nuestras motivaciones inconscientes, que representa lo “desconocido”, “inexplorado”, los recursos aún por descubrir –potencial-.

Veamos un ejemplo de cómo llevarlo a la práctica:

  • Pincha en el siguiente enlace
  • De todo el listado de adjetivos que se te presentan, has de elegir los 6 que mejor te representen
  • Guarda tu perfil introduciendo, previamente, tu nombre
  • La herramienta te presentará, a continuación, dos enlaces: el primero has de enviárselo a familiares y/o amigos, haciéndoles ver la importancia de su opinión. Indícales que, al igual que tú, sólo han de elegir 6 palabras con las que te identifiquen. El segundo enlace te irá dando cuenta del feedback de los demás, de tu ventana de Johari.
  • Por último, realiza un análisis de los resultados a fin conocer la impresión que tienen los demás sobre ti de cara  a profundizar en tu autoconocimiento.
  • También existe la posibilidad de recopilar información en relación a nuestras debilidades, a través de la llamada ventana de Nohari: pincha aquí.

Hay muchas herramientas que nos pueden servir para recoger la información, Google Forms es una de ellas. Evidentemente, los cuestionarios pueden ser ilimitados, combinando distintos tipos de pregunta -abiertas, cerradas,…-, que nos van a ofrecer un montón de información -siempre que hayamos elegido bien a quién solicitársela; han de conocernos- en base a las cuestiones planteadas. Pero, antes de nada, conviene reflexionar en torno a las preguntas a formular que, estaría bien, que no se alejaran mucho de: qué es lo que se me da mejor, cómo me definirías en unas cuantas palabras, qué aspectos podría mejorar. Con esta información tendríamos muchos más datos de esa zona “ciega” -menos conocida por nosotros, pero sí por los demás- que nos van a servir de punto de partida para empezar a trabajar en nuestra Marca. Así mismo, estaría bien reflexionar en torno a aquella información que guardo en mi zona “secreta” y que, quizás, pueda beneficiarme a nivel profesional. Todos contamos con hobbies, pasiones, hábitos,…, que, al hacerse públicos, pueden llegar a reforzar nuestra Marca.

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Evaluación 360° 

       Básicamente, la evaluación 360° o feedback 360°, puede considerarse una herramienta más -entre las muchas que existen- de evaluación del desempeño, que consiste en evaluar las competencias de una persona –en este caso Tú- recogiendo información de varias fuentes –observadores-. Se pueden utilizar cuestionarios –existen distintos formatos- (enlace a distintas opciones que ofrece Google), que nos ayudarán a recoger una determinada información -autodescripción + descripción por parte de otros- a fin de tener un punto de partida sobre el que “edificar” el trabajo de desarrollo posterior.

El recoger información de otras fuentes –distintas a la autopercepción- amén de ser una fuente más realista de información, nos ayuda a conocer cómo nos perciben los demás -esta percepción incide en nuestra conducta-, lo que devendrá en una información mucho más rica que aquella que obtenemos si nos basamos únicamente en nuestras percepciones. Evidentemente hay que estar preparado para recibir un feedback 360 -hasta podemos llegar a sentirnos temerosos-, hay que contemplarlo como una oportunidad, una oportunidad de recoger información en relación a nuestros comportamientos -nunca en relación a nuestra persona- que nos dará pistas de cara a mejorar nuestro desempeño profesional.

En el ámbito de la empresa, se utiliza para recabar información -en torno a nosotros-, desde todas las direcciones: jefe, compañeros -iguales, subordinados/clientes. En nuestro caso, podemos echar mano de compañeros, amigos, familiares,…, como ya he mencionado, a fin de enriquecer la información en esta primera parte que hemos llamado Autoconocimiento. Como curiosidad comentar que, navegando un poco en la literatura he descubierto que las reacciones son de todo tipo, desde personas que niegan la información que se les devuelve, pasando por otras que llegan a enfadarse, hasta llegar a aquellos que la integran -lo más aconsejable- y la utilizan para definir un plan de desarrollo a fin de continuar aprendiendo como profesionales y, por ende, como personas.

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Listado de adjetivos calificativos 

         Se trata de hacer un listado de adjetivos -te dejo con un ejemplo- que te describan lo mejor posible. En  primer lugar, has de elegir los que creas que mejor te definen para, después, pasarle el mismo listado a personas cercanas que te puedan echar una mano. Finalmente, se trata de comparar ambas elecciones y de realizar una selección de aquellas palabras que estén más en consonancia contigo, con tu marca personal. Estaría bien encontrar diferencias -para algunos, rarezas- con otras personas, sobre todo, con aquellas que te sirven de referente, ya que, si no te topas con ninguna diferencia, no destacarás, serás uno más.

Si te encuentras en desempleo -o en cualquiera de las situaciones mencionadas con anterioridad- y estás dispuesto a variar la manera, la estrategia, a la hora de enfrentarte a la búsqueda de empleo, has de tener en cuenta que no tenemos que buscar tanto una gran diferencia en las cosas que hacemos, que ofrecemos, -ojo, hemos de contar con un talento, con algo en lo que seamos buenos, que se nos dé bien-…, se trata, en la mayoría de las ocasiones, de variaciones muy sutiles, más ligadas al cómo hacemos lo que hacemos -piensa en dos grandes compañías de refrescos de cola, ¿crees realmente que el producto de una es mucho mejor que el de la otra? Para nada, es más cuestión de atributos, de valores si quieres, que se les asocian a cada marca-. Pues eso mismo tenemos que tratar de aplicárnoslo a cada uno de nosotros, la diferencia está más en nuestra persona, en nuestra personalidad, en el cómo, en nuestros valores, en nuestra actitud,…, eso es lo que tenemos que aprovechar para tratar de que nos asocien con una determinada manera de ser y de hacer, a fin de que se decanten por nuestros servicios y, finalmente, nos elijan. Todos tenemos algo único, especial, se trata de descubrirlo y aprovecharlo para, desde un proceso de branding, acercarnos a nuestros objetivos -nadie te va a asegurar que los vas a conseguir, quizás sí te lo aseguren, ¿será verdad?- pero, sobre todo, el proceso te permitirá conectarte contigo mismo, tomar conciencia, darte cuenta, ordenar ideas, definir propósitos y objetivos, matizar visión y misión, repasar -y repensar- valores y, casi con total seguridad, extraer aprendizajes que te situarán en un punto distinto de cara a afrontar la búsqueda de aquello que persigues -felicidad, empleo, felicidad a través de un empleo,…-, un proceso que, como veremos a continuación, responde a distintas razones -externas o motivos, internas o motivaciones-.

¿Qué  me motiva? Porqués y paraqués

Aquel que cuenta con un porqué, siempre hallará un cómo. Sirva esta cita par darnos cuenta de la importancia de dar respuesta al por qué y para qué, no sólo de iniciar un proceso de branding -si es que quiero iniciarlo- sino, también, para ser consciente de mi situación actual, de mi situación futura, del trayecto entre ambas,… El descubrir lo que me motiva (nace del exterior), mis motivaciones (parten más del interior) y los paraqués de todo lo que hago -o voy a hacer-, me situará en una mejor posición para descubrir las auténticas razones -buceando en nuestro interior- que me impulsan hacia mis objetivos -que junto con la misión y visión, fijaremos más adelante-. Algunas de las respuestas las puedes encontrar en los planteamientos siguientes:

  • ¿Por qué hago lo que hago?, ¿por qué no hago otra cosa?, ¿estás dispuesto a cambiar?
  • ¿Para qué quieres desarrollar tu marca personal? (si es que quieres hacerlo)
    • Posicionarte y lograr diferenciarte como alguien valioso en aquellos espacios profesionales/sociales en los que decidas progresar
    • Elevar tu nivel de empleabilidad
    • Lograr dar un giro a la búsqueda de empleo, es decir, en lugar de ir tras el empleo, conseguir que los “empleadores” se interesen por mí, que el trabajo me encuentre.
    • Conocerte y reconocerte a tí mismo -proceso arduo y laborioso-
    • Llegar a ser la opción elegida en el ámbito(s) laboral(es) en el que se demandan profesionales con los servicios que tu ofreces. Al final, tras posicionarse, tras hacerse visible, lo que realmente interesa es que te elijan.
    • Vender tu producto o servicio. 
    • Difundir tu Marca Personal.
    • No tienes otra cosa que hacer. No tienes nada que perder. Mis creencias. Algo me dice que tengo que hacer algo. Soy así, va conmigo el tratar de avanzar. Alguien me ha dicho que merece la pena. En la tele, en internet,…, están todo el rato a vueltas con la Marca Personal.
  • ¿Qué te motiva a plantearte objetivos?, ¿por qué quieres alcanzarlos?, ¿tu motivación es auténtica?, ¿se va a mantener en el tiempo?
  • ¿Por qué vas a poner en marcha un plan?, ¿depende más de tu situación laboral, personal, del mercado,…?, ¿está más ligada a lograr reconocimiento personal.

A veces, el secreto pasa por ampliar la mirada. Quizás en tu trabajo diario te limitas a realizar aquellas tareas -en ocasiones monótonas y repetitivas- que se te han encomendado; pues bien, en un estudio de la Yale School of Management se descubrió que, aquellos trabajadores -en el estudio valoraron e peluqueros, limpiadoras y empleados de restaurante- que vivían su trabajo como vocación, tenían una visión más amplia. La clave está en dar respuesta al para qué de tu labor diaria, en ampliar la mirada,…, seguro que contribuyes  a mucho más que al desempeño de tareas monótonas y repetitivas. Me viene “que ni pintada” una historia: se estaba construyendo una catedral -en concreto la de Chartres-. Los obreros, bajo un sol de justicia- trabajaban afanosamente cuando, un viandante que solía pasear por esos lares se acerca a uno de ellos y le pregunta: ¿qué está haciendo, buen hombre?; a lo que el interpelado responde: ya lo ve, levantando una enorme piedra. El viandante, un poco más adelante, se para ante otro obrero -que estaba ante una tarea similar a la del primero- y le plantea la misma cuestión, a la que este segundo obrero responde: ¿es que no lo ve?, estoy levantando un muro. Unos pasos más allá, vuelve a detenerse para lanzarle la misma cuestión a un tercer obrero. Para su asombro, la respuesta -que partió de un rostro cansado por la tarea pero lleno de entusiasmo-  fue más o menos la siguiente: Estoy construyendo una catedral.

Los tres estaban realizando una tarea similar, pero la actitud y la motivación con la que enfocaban su tarea, les hacía ver -y enfrentar- su labor de una manera muy distinta. Estaría bien reflexionar sobre la manera en la que nos “enfrentamos” a nuestra labor diaria, sobre los motivos que nos impulsan. En ocasiones, sólo con ampliar la mirada, seguro que somos capaces de hallar beneficios que van mucho más allá de la repetición de tareas. En mi caso concreto, como Orientador Laboral, si “sólo” me quedo con que realizo CV, diagnósticos, itinerarios de inserción,…, seguramente estaré aplicando una visión muy reduccionista -y poco atractiva- a mi labor diaria; por el contrario, si pienso que ayudo a personas, planteándoles un horizonte, trazando un camino y dotándoles de ciertas herramientas para el trayecto, la manera de abordar mi labor diaria es totalmente distinta.

¿Qué me frena? Limitaciones y creencias

Como en la mayoría de los procesos, también, en el de branding, existen aliados -en forma de motivos/motivaciones-, pero, también, “enemigos” en forma de creencias/autocreencias  negativas que limitan, que ponen trabas a nuestro avance. Las limitaciones suelen estar en nosotros, en nuestras creencias. Existe la teoría de que si creemos en algo -tanto para bien como para mal- encontraremos argumentos -en ocasiones, un montón- que refuercen esas afirmaciones. La idea pasa por tratar de revertir, de contrarrestar, esas creencias negativas que tenemos sobre nosotros mismos, y de empezar a creer en nosotros, en nuestras posibilidades, ya que en el momento en que sólo dependamos de nosotros, si nos marcamos un objetivo, y aunque el entorno no sea el más favorable, “pelearemos”, “bregaremos”, para alcanzarlo.

Autocreencia: saber que somos seres únicos, que no dependemos de nadie -responsabilidad, libertad para elegir las respuestas-, que en la mayoría de las ocasiones dependemos de lo que nos decimos a nosotros mismos. No es lo que sucede lo que nos afecta -que también- sino aquello que nos decimos, que nos creemos, con lo que nos sucede. La idea para desarrollar creencias positivas pasa por trabajar la confianza -se puede desarrollar, habitualmente es la sociedad la que nos la arrebata- y la autoestima -de dentro hacia afuera, no basarse en la estima, no dar poder a logros externos, a otras personas, no permitir que nos condicionen, es más desde nuestro interior, mirar dentro, darnos cuenta, tomar consciencia-.

Veamos algunas de las creencias que nos pueden frenar a la hora de zambullirnos en un proceso de branding:

  • No me lo merezco.
  • Destacar no está bien visto.
  • Quién me creo que soy.
  • Qué van a pensar de mí.
  • Paso de hacer el ridículo.
  • No tengo nada que aportar.
  • Tengo miedo -aunque, en ocasiones, no lo reconozca-.
  • Me da mucha pereza.
  • Soy demasiado tímido.
  • Soy demasiado perfeccionista y, total, para hacerlo mal -no dudes en pedir ayuda, existen muchos profesionales expertos que te pueden ayudar; antes ya hemos visto algunos-.
  • Es muy difícil, no lo voy a conseguir.
  • Si triunfo, qué van a pensar de mí los demás.

lo-que-nos-frena-esta-dentro

Para hacer frente a lo anterior, has de salir de la rutina, de tu zona de confort -o, al menos, estirarla-, olvidarte de la estabilidad en muchos momentos, arriesgar -de manera controlada-, hacer, avanzar, “lanzarte a la piscina”, superar tus miedos, darle la espalda a tus limitaciones, ganar confianza, generar autoestima, elegir -esto implica dejar atrás otras opciones-, responsabilizarte -recuerda que si no eres parte del problema, no vas a poder formar parte de la solución-,…, en definitiva, vamos a tratar de enfrentar -siempre de manera razonada- algunas de las creencias limitantes anteriores.

  • No te paralices por miedo a ser rechazado. Cuando no resultas elegido, habitualmente está relacionado con pequeños matices. No te rechazan a ti, lo que ocurre es que no les encaja tu propuesta. Persevera.
  • Fíjate aquellos que pueden servirte de referentes. No les consideres competencia. 
  • El proceso, como ya he mencionado, empieza en ti, en tu interior. 
  • El destacar, desde el punto de vista de nuestra cultura, es un aspecto que no está demasiado bien visto, sin embargo, has de ir más allá, obviando ese enfoque homogeneizador. Celebra y comunica tus éxitos. 

Los pasos que se pueden dar -más o menos, en función de cada autor- pueden centrarse en:

  • Identificar tus creencias negativas. Saber si tras determinados comportamientos hay creencias que te influyen. Si ante determinados retos tienes alguna creencia que te limite su puesta en marcha. Lístalas.
  • Reflexiona en torno a esas creencias, ¿son ciertas?, ¿cómo lo sabes?, ¿tienes alguna prueba? Házte consciente de que sólo son creencias y no realidades.
  • ¿Cómo se han originado?, ¿qué beneficio -secundario- obtienes de ellas?
  • ¿Te acercan o te alejan de tu objetivo?
  • Dales la vuelta. Trata de sustituir cada creencia negativa por una nueva creencia positiva. Asóciala con situaciones reales en las que tenga sentido.
  • Utiliza tu lenguaje y tus conductas -empieza por pequeños pasos- para asentar esas nuevas creencias positivas.

Bien, hemos llegado al final de este primer asalto, de este viaje de introspección en el que pretendemos conocernos a nosotros mismos un poco mejor, un autoconocimiento que nos servirá para zambullirnos de lleno en el apartado de establecer objetivos –que veremos en el siguiente post-. Pero, antes de pasar a los objetivos, misión, visión,…, me gustaría que te quedases con la idea de que el concepto de Marca Personal no es nada nuevo, es más, es más antiguo que la pana (¿o es que tú no tildabas de”manitas” a aquel que siempre lo arreglaba todo?, ¿o de “chispas” a aquel que se le dan bien los enchufes y demás?), es un concepto que nos ha servido de siempre para tener y poner “apellido” a las habilidades, atributos, competencias,…, que atesoran las personas –en forma de propuesta de valor- , y que nos hacen decantarnos por unos y no por otros, cuando estamos pensando en “contratar” un  determinado servicio; un concepto que, como estamos viendo, se construye  desarrolla desde dentro hacia afuera, que parte del interior de las personas –de ahí la importancia de los valores- y que busca, sobre todo, que cuando alguien necesite un profesional de nuestro sector, nosotros seamos de las primeras opciones porque, frente a otros, aportamos algo que nos diferencia.

Para finalizar y, siendo consciente de que son muchos los ingredientes que van a conformar el éxito de tu marca, me gustaría dejarte con un vídeo en relación a uno que no puede fallar: la fuerza de voluntad. ¡No permitas que nadie te diga -y mucho menos de convenza- aquello que puedes o no hacer!

4 pensamientos en “Personal Branding: Autoconocimiento

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